Una modesta proposición

Propuesta de resolución presentada durante la celebración del III Congreso Mundial de la Sociedad de Amigos y Difusores de la Pelota Postal Descascarillable, dirigida al presidente de la Generalitat Valenciana, Juan Francisco Pérez Llorca, y al director general de la Unión Postal Universal, Masahiko Metoki, por don Raúl Trejo Trueta, socio n.º 00065.

[De la transcripción, Manuel Peris]

 

Buenos días, queridos miembros de la Sociedad de Amigos y Difusores de la Pelota Postal Descascarillable; presidenta de este III Congreso; presidente de la Sociedad de Amigos y Difusores de la PPD; equipo de la editorial Media Vaca; trabajadores del Jardí Botànic de la Universitat de València; autoridades académicas y administrativas; amigas y amigos,

es para mí un inconmensurable honor tener el placer y la responsabilidad de presentar, ahora y aquí, la propuesta de resolución del congreso y solicitar de todos vosotros el voto favorable para la misma.

Es probable que aquellos que por primera vez asisten hoy a estas sesiones desconozcan algunos avatares históricos de la Pelota Postal Descascarillable.

Por eso, antes de presentar la propuesta, me permitiré recordar unos pocos datos cronológicos que contextualizan el proyecto que ahora presentamos.

Vayamos con las fechas.

En septiembre de 1874 se celebró en la ciudad suiza de Berna una conferencia internacional para regularizar el correo a escala mundial.

El día 9 de octubre del mismo año —recalco 9 de octubre, nou d’octubre—, en virtud del Tratado de Berna, nacía la Unión Postal General, y esa fecha, además del día de la Comunidad Valenciana, es —toma nota, Pérez Llorca— el Día Mundial del Servicio Postal. El nombre fue cambiado a Unión Postal Universal en 1878 y, posteriormente, pasó a ser un organismo especializado de las Naciones Unidas por un acuerdo que entró en vigor el 1 de julio de 1948.

El 15 de abril de 1912 nació en la ciudad de Valencia Salvador Armell, inventor de la PPD. Era hijo de Próspero Armell, funcionario de Correos. Al final de la guerra civil pasó tres años en la cárcel; pero, gracias a la mediación de un antiguo compañero de su padre que había combatido junto a los sublevados franquistas, Salvador fue liberado y nueve años más tarde —merced a este amigo de la familia, que en esos momentos ocupa un cargo relevante en la administración postal—, Salvador Armell acepta una plaza de meritorio en el Cuerpo de Funcionarios de Correos y Telégrafos, en el que permanecerá hasta su jubilación en 1977.

Veinte años antes de retirarse, en 1957, a raíz de la riada que asoló la ciudad de Valencia, Salvador Armell le sugiere al Director General de Correos la idea de una pequeña tasa postal para recaudar fondos para la reconstrucción. Esa idea fue el embrión del sello de 25 céntimos conocido como «Plan Sur» que, tras la construcción del nuevo cauce del río Turia y muchos años de valientes reivindicaciones ciudadanas, permitió el nacimiento del Jardín del Turia.

1966 es otra fecha clave. Es el año en que Salvador Armell completa en trece cuadernos manuscritos, la base teórica de la PPD. Estos documentos, conocidos como «Las Trece Madres», se han venido conservando hasta ahora en la Casa-Museo de la PPD.

Vemos pues, queridos socios y socias, que la vida de Salvador Armell está profundamente ligada al Edificio de Correos y Telégrafos que se ubica en la actual plaza del Ayuntamiento.

Amigas, amigos, la cronología no explica la Historia, pero sin la cronología no se puede entender la historia. La profesora Isabel Burdiel, que nos distingue con su presencia, no me dejaría mentir.

Recapitulemos.

1874… De esa fecha fundadora de la Unión Postal Universal se han cumplido 150 años.

1948… De la fecha de su adscripción a Naciones Unidas se van a cumplir 80 años.

1957… El año que viene se cumplirán 70 años de la idea germinal de Salvador Armell, que ha permitido a València financiar las obras para salvarse de las inundaciones y a la vez posibilitar la creación del gran pulmón verde de la ciudad.

1966… Se cumplen ahora 60 años de las bases teóricas de la PPD: «Las Trece Madres».

1977… El próximo año se cumplirá el cincuenta aniversario de la jubilación de Salvador Armell como funcionario de Correos. Una jubilación que le liberó el tiempo necesario para desarrollar la PPD.

Parece una conjunción astral: cinco aniversarios clave que coinciden en un breve lapso de tiempo; cinco aniversarios clave, de los cuales tres de ellos tienen en común un mismo espacio, el edificio de Correos y Telégrafos de la ciudad de València, un edificio desafectado de su uso y sobre el que las autoridades no han tenido claro a qué destinarlo hasta que hace unos meses se les ocurrió la delirante idea de reconvertirlo en el Museo Sorolla.

¿Por qué digo «delirante idea»?

Primero, porque como todo el mundo sabe, la arquitectura es arte y función.

El salón principal del edificio de Correos es una gran rotonda elíptica, es decir curvilínea. Un espacio poco adecuado para acoger a unos cuadros planos, por lo demás difíciles de iluminar bajo la gran cúpula acristalada bajo la que se asienta. Los melones son elípticos y hay que ser muy pero que muy melón para poner rectángulos en sus paredes.

Una loncha de jamón, a diferencia de un cuadro, es una superficie flexible; por eso, más allá del sabor, se puede combinar armoniosamente con una cata de melón. Sin embargo, una superficie rígida —como una tostada— no puede hacerlo. Pues eso es lo que ocurrirá si se intentan poner cuadros en el gran salón de Correos.

El bombín, o sombrero hongo que ven sobre mi cabeza, se llama en francés chapeau melon, y, en alemán, die melone.

Como ven, también tiene forma elíptica. Si yo intentara reforzar la protección de sol, como hacen Hernández y Fernández en Tintín en el País del oro negro, no tendría más que ponerme entre mi cabeza y el sombrero, un pañuelo, un objeto flexible.

 

[Don Raúl se coloca un pañuelo entre la cabeza y el sombrero].

 

Como ven, se adapta perfectamente.

Pero si, para aligerar la sensación térmica, me aplicara una superficie rígida, que sería lo equivalente a un cuadro de Sorolla en la sala del edificio de correos... vean lo que ocurriría.

 

[Don Raúl se saca un abanico del bolsillo, lo despliega, se levanta el sombrero, pone el abanico sobre su cabeza y demuestra que es imposible volver a colocarse el sombrero].

 

Un auténtico desastre. Insisto, una monumental melonada. Una melonada casi tan monumental como la que intentan perpetrar con el antiguo edificio de Correos y Telégrafos de València.

A la espera de ver cómo evoluciona el recurso del colegio de arquitectos de la Comunidad Valenciana ante esta melonada, debo añadir que, además, estoy de Sorolla hasta la coronilla. Parece que no haya habido ni haya otro artista en València. Hasta el otrora crítico Manuel Vicent ha sido ahora abducido al sorollismo, convertido en uno de sus comisarios apóstoles.

No. Digamos no. ¡No, no y no!

Porque, además, este neosorollismo puede tener consecuencias nefastas para una ciudad cada vez más castigada por el turismo de masas. Esa nueva plaga que es el turismo de cruceros acabaría colapsando el centro de la ciudad para visitar ese quimérico y melonar museo Sorolla.

No. Si quieren un Museo Sorolla que lo pongan en el puerto. Que los cruceristas bajen del barco, entren, se hagan unas fotos y se vayan. ¡Ya está bien! ¡Ya está bien!

¿En qué parte del puerto? Pues en los antiguos docks, que, después de haber sido utilizados como una discoteca para pijos, amenazan con colapsar y no saben qué hacer con ellos.

O bien, en cualquiera de esos cachivaches arquitectónicos que el señor Juan Roig ha tenido la osadía de plantar entre los tinglados modernistas y el antiguo muelle, privándonos de la vista del viejo puerto con el vergonzoso beneplácito de tirios y troyanos.

Y me permito señalar al señor Juan Roig porque, según hemos leído en la prensa local, el estudio de arquitectura preseleccionado para convertir el palacio de Correos y Telégrafos en el Museo Sorolla es el despacho de arquitectura de una de sus hijas, Amparo Roig Herrero. Estudio que, por cierto, se llama Erre y cuyo proyecto de remodelación ahora ha cuestionado y suspendido la mesa de contratación de la Generalitat.

Y yo, como Hernández y Fernández, aún diría más: erre que erre.

Señor Roig, ya que es usted quien realmente manda aquí, llévese el Museo Sorolla al puerto y minimice el agobio sobre el resto de la ciudad. Y si quiere ganar aún más dinero con la operación Sorolla, distribuya y venda un nuevo plato prefabricado con el que atiborrar a las masas turísticas. Desde aquí, la regalamos la idea de la pizza Sorolla: ¡¡¡una pizza de paella!!!

Somos muchos los que, como nuestro ponente Mariano Álvarez y nuestro amigo el profesor Salvador Albiñana, aquí presentes, lamentamos que el edificio de Correos y Telégrafos de València haya dejado de cumplir con la noble y necesaria función para la que fue concebido y construido. Pero, puesto que la situación parece irreversible, si quieren musealizar este antiguo y hermoso edificio, conviértanlo en el Museo Mundial de las Comunicaciones y de la Pelota Postal Descascarillable. Este quíntuple aniversario —al que he hecho alusión al principio de mi intervención— y los grandes beneficios de la PPD para la humanidad, bien lo justifican.

Los museos abracadabrantes y literarios, como el que proponemos, no son una novedad en sentido estricto.

En la localidad francesa de Sète, tan ligada a Paul Valèry, abrió sus puertas, en el año 2000, el Museo de la Artes Modestas. Y me permito enfatizar aquí que nuestro añorado Pepe Cardona, El Persa, como me recordó el otro día el editor de Media Vaca, Vicente Ferrer, siempre defendió y reivindicó al artista medio.

Y yo —como Hernández o como Fernández—, aún diría más.

En el barrio estambulí de Beyoglú, en el año 2012, el gran escritor Orhan Pamuk, premio Nobel de literatura, fundó el Museo de la Inocencia, un museo que recrea el universo de su novela del mismo título; un museo que fue galardonado en 2014 por el Consejo de Europa como «mejor museo europeo del año».

Más allá de lo que puedan pensar algunos sosos y estreñidos mentales, no es pues ningún delirio la creación en la ciudad de València del Museo Mundial de las Comunicaciones y de la Pelota Postal Descascarillable.

El estudio de los contenidos del museo podría ser objeto del próximo congreso de la PPD.

Pero, mientras tanto, podemos aventurar que el Museo de las Comunicaciones y la PPD, además del Archivo histórico de José Cardona el Persa y la sala de investigadores sobre su obra, albergaría también:

una sección sobre la correspondencia literaria, con una sala dedicada a la correspondencia de Joan Fuster. No patiu, botànics;

una sala sobre la correspondencia amorosa y erótica;

una sala sobre el télex como vector de las exportaciones naranjeras valencianas y de la acumulación de capital que permitió el desarrollismo industrial posterior;

y el centro de investigaciones de la PPD;

así como los fondos conservados sobre la PPD hasta la actualidad en la Casa Museo Salvador Armell.

Como medidas complementarias, en el pequeño espacio peatonal frente al edificio se colocaría un gran poste para señalar las direcciones hacia donde chutar las pelotas postales.

Y, además, la bola que corona la torre del edificio sería repintada como una enorme PPD.

En consecuencia,

propongo que el congreso adopte una resolución para exigir a las autoridades competentes que el antiguo edificio de Correos de València se convierta en el Museo Mundial de las Comunicaciones y de la Pelota Postal Descascarillable.

He dicho. Muchas gracias.

 

[La propuesta de resolución fue sometida a votación «a mano alzada y cara descubierta» y fue aprobada por unanimidad de todos los socios y socias, tal como quedó recogido en acta].

Fotografía de Maria Tomàs