Goya, Francisco de

GOYA Y LUCIENTES (D. Francisco). Hay nombres en la historia de las artes que encierran en sí solos toda una época y representan una escuela. El de Goya, cuya reputacion es universal, se encuentra en este caso.

Nació Goya en Fuentedetodos (Aragon) en 30 de Marzo de 1746, y hasta la edad de 13 años vivió en aquel lugar en compañía de sus padres, que lo fueron unos honrados labradores. Goya era inquieto y travieso de niño, y desde su edad más tierna pintaba toda clase de borrones y figuras, siendo de aquella época unos cortinajes al fresco que pintó para la capilla de las Reliquias, y la Aparicion de la Virgen del Pilar, al óleo, en las puertas del retablo.

Nada inclina á creer, a pesar de lo sentado por Mr. Iriarte y otros escritores, que aventuras amorosas impropias de la temprana edad, obligaran á Goya á trasladarse á Zaragoza primero, y posteriormente á Madrid; más fácil nos parece, como asegura el Sr. Zapatero y Gomez, que no pudiendo aprender nada mas en su pueblo natal del arte á que trataba de dedicarse, y anhelando completar sus estudios, tomase aquella resolucion. Ello es lo cierto y averiguado que Goya residió en Zaragoza seis años estudiando bajo la direccion de Luzan, y que al cabo de aquel tiempo se trasladó á Madrid, donde se empapó en las máximas de Jordan y Corrado Giaquinto, pasando poco despues á Roma, lleno de entusiasmo, pero falto de recurso. Su estancia en aquella capital duró desde 1765 á 1769, y aunque esta época en la vida del artista aragonés no es de gran importancia, para su exacto conocimiento seguiremos á su biógrafo Mr. Iriarte al analizarla, declarando que mucha parte de lo que atribuye á Goya no puede ser cierto, si se atiende á su carácter, ni se halla confirmado por ningun autorizado testimonio.

Segun Mr. Iriarte, no habiendo podido Goya obtener del Conde de Florida Blanca pension ni recurso alguno para llevarla á cabo, agregóse á una cuadrilla de toreros y llegó hasta el puerto de Andalucía, donde debia embarcarse, toreando de plaza en plaza. La extraña y casi increible resolucion del artista aragonés ha sido referida por Antonio de Ribera, que fué su condiscípulo en Roma.

Llegó Goya á la Ciudad Eterna debilitado por las privaciones, enfermo, desfallecido y sin más equipaje que un zurron sobradamente enjuto. La suerte sin embargo condujo sus pasos á casa de una anciana, quien condolida de su triste situacion, acogióle con solicitud maternal. D. Antonio Ribera y Don Antonio Gonzalez Velazquez, con quienes desde luego trabó amistad, fueron sus verdaderos salvadores, pues el uno le dió entrada en su taller, mientras el otro le presentó á Bayeu, que habia sido su condiscipulo: no pasó mucho tiempo sin que Goya, habiendo asegurado una corta pension que le pasaban sus parientes, y contando con el apoyo de sus compatriotas, se consagrara al trabajo sin cuidados ni inquietudes.

Los pocos lienzos que Goya pintó en Roma estaban inspirados en asuntos nacionales que habian de llamar sin duda alguna la antencion pública, pues España, sus trajes y costumbres eran muy poco conocidas á la sazon. Los embajadores de las naciones extranjeras y esos aficionados cosmopolitas que de todos los puntos del universo van á visitar la Ciudad Eterna, y pasan por los talleres de los artistas que en ella siguen sus estudios, disputáronse las obras de aquel pintor fácil, que se anunciaba al mundo como un talento original, y Goya empezó á disfrutar de una celebridad tan precoz como bien merecida. Dotado de carácter osado y emprendedor, solicitó una audiencia del Papa Benedicto XIV, y en pocas horas le hizo su retrato, del cual quedó muy satisfecho el Pontifice, y que se conserva aún en las galerias del Vaticano. Poco á poco fué extendiéndose su fama. El embajador de Rusia, que reclutaba á la sazon artistas para trasplantar á las orillas del Neva una corte de Ferrara, y rodear á la Semiramis del Norte de talentos superiores, hizo al joven artista proposiciones brillantes que este no aceptó. Un distinguido critico ha encontrado, hojeando El Mercurio de Francia del año 1772 (Enero), una mención por la cual se viene en conocimiento de que Goya tomó parte en el concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes de Parma, ganando el segundo premio. El asunto propuesto era: «Anibal vencedor dirige desde lo alto de los Alpes su primera mirada sobre los campos de Italia», y los registros hacen mencion de Goya en los siguientes términos: «Ganó el segundo premio de pintura Francisco Goya, romano, discipulo de Bayeu, pintor del Rey de España». El hecho no deja de ser curioso tratándose de Goya, genio anti-académico y caprichoso, enemigo de las reglas y despreciador de las tradiciones. La nota de las Academias de Parma esclarece un poco un punto tan importante de la vida del artista aragonés y nos dá una idea aproximada de lo que á la sazon era su estilo. Véase de qué manera juzga el cuadro de Goya el Académico encargado de redactar el informe:

«La Academia, dice, ha observado con placer en el segundo cuadro, un hábil manejo del pincel, calor de expresion en la mirada de Aníbal, y un carácter de notable grandeza en su apostura. Si Goya en su composicion se hubiese apartado menos del asunto propuesto, y si hubiese tratado con más verdad el colorido, no hay duda ninguna de que habria alcanzado mayoría de votos para el primer premio».

El biógrafo francés que no podia separar á nuestro artista de galantes y peligrosas aventuras, supone que una de estas le obligó á venirse á Madrid precipitadamente, y que en esta poblacion se dió pronto a conocer con la proteccion de Bayeu. El mismo biógrafo dice que el pintor David, con quien Goya contrajo estrecha amistad en Roma, le inculcó sus ideas liberales y filosóficas, y estas relaciones debieron dejar profundas huellas en el ánimo del artista español. La revolucion que los enciclopedistas empezaban ya á propagar por el mundo, hizo su entrada en Madrid con Goya, imbuido en las ideas revolucionarias, dispuesto a atacar todo género de preocupaciones, toda clase de abusos y de servidumbres.

El Sr. Ferrer del Rio ha refutado valiente y atinadamente esta suposicion: nosotros, meros biógrafos, nos limitaremos a hacer constar que hacia el año de 1775 contrajo matrimonio con Doña Josefa Bayeu, hermana del pintor D. Francisco; que poco más tarde, en 7 de Mayo de 1780, le abrió sus puertas la Academia de San Fernando en concepto de su individuo de mérito, y que desde aquella época su creciente reputacion le proporcionó numerosas obras, de que luego daremos detallada cuenta.

En el mismo año fué encargado de pintar, en union de Bayeu, varios frescos del templo de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza, en cuya empresa sufrió graves disgustos, pues no habiendo agradado sus bocetos á la Junta de obras, tuvo que hacer otros y someterlos á la aprobacion de su cuñado, lo que mortificó en gran manera su amor propio. Al año inmediato obtuvo, sin embargo, una compensacion, siendo encargado por el Rey de pintar un cuadro en competencia con todos los pintores de Cámara, para la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid. Esta obra fué muy elogiada por todos los inteligentes, y desde entonces la situacion de Goya continuó siendo próspera: en Mayo de 1785 fue nombrado Teniente Director de la Academia de San Fernando, por muerte de D. Andrés Calleja, y pintor del Rey al año siguiente, para ejecutar los ejemplares de tapices, y lo que al óleo y al fresco se le encomendara para Palacio. Esta gracia le cogió tan de sorpresa, que el 1.º de Agosto escribia á su amigo Zapater: «Me habia yo establecido un modo de vida envidiable: ya no hacia antesala ninguna: el que queria algo mio, me buscaba: yo me hacia desear más, y si no era personaje muy elevado, ó con empeño de algun amigo, no trabajaba nada para nadie; y por lo mismo que yo me hacia tan preciso, no me dejaban (ni áun me dejan), que no sé cómo he de cumplir, estando así tan impensado como puedes tú estar de lo más remoto. Sabia yo que habia pretendientes por el ramo de tapices, y no me interesaba más que alegrarme de que algunos profesores de los de más mérito tuviesen su acomodo..... Con lo que ya tenia, compongo más de 28.000 reales, que no quiero más gracias a Dios; lo que te ofrezco con las veras que sabes».

En 25 de Abril de 1789, ascendió á pintor de Cámara sin aumento de sueldo, y en 31 de Octubre de 1799 conquistó el puesto de primer pintor de Cámara con 50.000 rs.

Viudo Goya y sin más hijos que Francisco Pedro, vivió durante algunos años en la quinta que fué de su propiedad y decoró con obras de su pincel, situada en el camino de árboles que lleva á la ermita de San Isidro, y es hoy conocida con el nombre de la Casa del Sordo. En 1822 pasó á Francia, y aunque cuatro años más tarde volvió á Madrid, no tardó en regresar á Burdeos, donde le conocian todos aquellos habitantes por su leviton, su sombrero à lo Bolivar y su gran corbata blanca. Una caida que sufrió en la escalera de su casa, contribuyó más que su avanzada edad á que se acelerase el instante de su muerte. La noticia de su desgracia llegó á tiempo á su hijo, y Goya tuvo el consuelo de abrazarle por última vez ántes de dejar esta vida el dia 16 de Abril de 1828, á los pocos de haber cumplido 82 años. Se guardan sus restos en el panteon de la familia de Goicoechea.

 

Manuel Ossorio y Bernard, Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX, tomo I, Madrid, Imprenta de Ramón Moreno, [s.n.], 1868.
Autorretrato de Goya, estampa n.º 1 de Los Caprichos.