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NO TINC PARAULES
Arnal Ballester nunca ha sentido el menor entusiasmo por Platón
y su mito de la caverna.
En una ocasión intenté razonarle los sólidos fundamentos
de la doctrina del filósofo, pero me respondió: “Dolores,
nadie ha visto nunca una idea, pero aquí hay sombras a porrillo”,
y a modo de ejemplo, me señaló la que proyectaba el palillo
de la única aceituna que quedaba en el plato y que se comió.
“Miles de infelices
-continuó-, se han ahogado persiguiendo ideas invisibles, mientras
otros tomaban el fresco a la sombra, perfectamente definida, del parasol”.
Sospecho que hizo trampa, como siempre, pero la verdad es que yo no
supe qué contestarle; y estoy por admitir que tiene razón
cuando afirma que las sombras dicen mucho más de quienes las
proyectan que su estampa.
De alguna manera es lo que cuenta ese libro sin palabras titulado No
tinc paraules. Tales imágenes no existen fuera de sí mismas,
aunque reflejen muchos elementos tangibles y dotados de corporeidad,
como dibujos, objetos y grafismos impresos que han sido transmutados
por la acción de la moderna tecnología. Estas imágenes
son como las sombras, etéreas, virtuales dirían hoy, pero
mucho más contundentes y reales que los cuerpos que las proyectan.
[ Dolores Fuzili, texto para la exposición “he
perdido mi sombra”,
sala San Fernando, Cádiz, Junio 2000 ]
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