100 GREGUERIAS ILUSTRADAS

El público natural de los artistas de vanguardia es el público infantil: sólo los niños pueden comprender y disfrutar de veras esas obras nacidas de una distorsión que se propone poner en crisis el lenguaje académico, el sentido común y torcerle el cuello a la sensatez con herramientas tan prodigiosas como el humor, la irreverencia y el nonsense.
Acompáñense de un niño que todavía no sea gente a una exposición del pintor Joan Miró: él entenderá al creador, conectará de modo más natural con su espacio. Regálenle a un niño el precioso volumen que acaba de publicar la editorial Media Vaca, y le estarán haciendo un favor impagable al manoseado Ramón y al mágico y divertidísimo César al destinarles un lector de su público natural. Porque por mucha tesis que se le propine a la obra de Ramón y mucho estudio sesudo, quienes de veras están plenamente dotados para disfrutar de él son los niños, o aquella parte infantil que por milagro aún aliente en el pecho de un adulto.
Ramón definió la greguería como metáfora más humor. A los niños eso les da igual. Abrirán el libro y se troncharán con los dibujos de César, tan personales y audaces, y leerán por ejemplo: Lo importante no es tener o no tener microbios, sino tenerlos o no tenerlos amaestrados. Y sabrán que ahí les está aguardando una fiesta.

[ Juan Bonilla, La media vaca, diario El Mundo, 31-I-2000 ]


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