Mi lista
29 de Septiembre de 2007 | Lecturas
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hogarthCharles Addams, Almada Negreiros, Mauricio Amster, Apa, Sergio Aragonés, Gerd Arntz, Eduardo Arroyo, Atak, Bagaría, Arturo Ballester, Rafael Barradas, Salvador Bartolozzi, Glen Baxter, Aubrey Beardsley, Max Beckmann, Peter Blake, Blanquet, R.O. Blechman, Bon, Pierre Bonnard, J. Borges, Mário Botas, Alberto Breccia, Pieter Brueghel, Wilhelm Busch, Jacques Callot, Josef Capek, Al Capp, Caran d'Ache, Jacques Carelman, Castelao, Cesc, Guillem Cifré, Sue Coe, Miguel Covarrubias, Shinta Cho, Chumy Chúmez, Seymour Chwast, Nicole Claveloux, Paul Cox, George Cruikshank, Robert Crumb, Honoré Daumier, Jack Davis, Kim Deitch, Fortunato Depero, Otto Dix, Gustave Doré, Henrik Drescher, Mort Drucker, Albrecht Dürer, Sophie Dutertre, Heinz Edelmann, Will Eisner, Fam Ekman, Mohieddin Ellabbad, El Cubri, Bill Elder, El Roto, Klaus Ensikat, James Ensor, Wolf Erlbruch, Max Ernst, Sara Fanelli, Lyonel Feininger, Flaxman, Jim Flora, Jean-Michel Folon, André François, Fred, Fresno, Shigeo Fukuda, Daniel Gil, James Gillray, Gin, Ricard Giralt Miracle, Milton Glaser, Lorenzo Goñi, 
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Medalla FAD
26 de Abril de 2007 | Lecturas
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especialistaSeguramente se hacen libros para ahorrarse los discursos. Y también, desde luego, porque los libros duran. No todos duran, y el misterio de los libros –el mayor de todos los misterios relacionados con los libros– es saber cuáles durarán y cuáles no. Todos los editores quieren que sus libros pervivan, y algunos incluso se toman algunas molestias para conseguirlo. Otros muchos, tal vez la mayoría, no se esfuerzan tanto, porque saben que los libros que finalmente quedan lo hacen por razones siempre misteriosas. Por ejemplo, El especialista, de Charles Sale, un relato que describe minuciosamente la construcción de una letrina en algún lugar del Oeste; o El principito, de Saint-Exupéry, una extraña historia interestelar con animales, vegetales y minerales parlantes que suele ofrecerse generación tras generación a los niños y que nadie podrá entender jamás. En cambio, no se conserva una frase de lo que escribió la filósofa y científica del siglo IV Hypatia, al menos bajo su nombre, o de lo que han escrito tantas mujeres a lo largo de la historia. En cambio, del Principito hay traducción al esperanto, con el fin de que una historia indescifrable se haga indescifrable para el número más amplio de lectores.

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Zaragoza de José Luis Cano
28 de Marzo de 2007 | Lecturas
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zaragozaCada casa editorial tiene su propia personalidad y responde a criterios e intereses distintos. Las hay que publican sólo libros sobre perros, o sólo de escritores que se llaman «Benito Pérez Galdós», o encuadernados con tapas de nácar. En la editorial que dirijo a medias con Begoña Lobo, sólo publicamos libros con ilustraciones a dos colores realizadas por gente que en casi todos los casos son nuestros amigos. El nombre de la editorial, Media Vaca, que impide dar solemnidad al negocio, ya lo dice todo.

Antes de que editáramos Zaragoza, había visto de Cano, sobre todo, sus famosos libritos dedicados a personajes ilustres de Aragón. Solía comprarlos cuando los veía en librerías y, después de conocer personalmente al autor, también me llegaban a casa a través del correo acompañados por unas simpáticas palabras suyas, lo que era motivo de doble alegría. Así pude leer El mago Chomón, y después Don Santiago Ramón y Cajal, y más tarde Miguel Servet y el doctor de Villeneufve, y Odón de Buen, el republicano de los mares, etc. Y también, Una infancia de cine y El esquizoide carácter aragonés, un librito aún de menor tamaño e impreso precisamente a dos tintas. Cuando el cartero me trajo el dedicado a Fernando el Católico, volumen décimo sexto de la colección de Xordica, ya tenía ganas de trabajar con José Luis, y le dije a Begoña: «Pues no va a haber más remedio que encargarle un libro a este hombre».

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¿Por qué leer?
02 de Enero de 2007 | Lecturas
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exlibris21. Por obediencia. Nos mandaban leer en el colegio. Recuerdo que había que leer en voz alta un cuento con una princesa Hamaranbadahada y me quedaba enganchado. Insistí en casa. Ahora no puedo sacarme el nombre / 2. Por afán de imitación. Para ser como mis padres / 3. Para dar ejemplo a mis hijos / 4. Para recuperar a mi padre. Murió cuando yo era niño y dejó todos aquellos libros en la biblioteca. ¿Leyéndolos conseguiría averiguar algo de cómo era? / 5. Para encontrarme a mí mismo / 6. Para encontrarme con los demás / 7. Para huir de los demás / 8. Por distraerme. El tiempo pasaba entonces muy despacio y no había esa gran oferta de máquinas con botones / 9. Por envidia. Escuchaba a alguien que utilizaba una palabra que yo no había oído e instantáneamente la quería para mí. Me preguntaba: ¿cómo sabrá eso? ¿será porque lee? / 10. Por diversión. Tal vez mis aventuras favoritas fueran las de Mortadelo y Filemón, pero hoy recuerdo con más cariño los extraordinarios relatos de Tío Vázquez /

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¿Por qué «Media Vaca»?
14 de Noviembre de 2006 | Lecturas
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cuadernillos* ¿Cuál es el origen de Media Vaca y quiénes son sus antepasados?

Los tres primeros títulos de la colección Libros para niños aparecieron en las navidades de 1998: No tinc paraules, Narices, buhitos, volcanes y Pelo de Zanahoria. Entonces tuve la sensación de que había estado preparándome durante muchos años para poder hacer esos libros, y sin embargo no sabía nada del oficio de editor. Desde los quince años me he dedicado a inventar publicaciones en las que dibujaba, escribía o seleccionaba textos de otros. A partir de 1991 edité unos cuadernillos –literalmente un folio plegado dos veces y grapado en el centro– en los que ya figuraba el nombre de «1/2 vaca». Sólo que se trataba de la parte trasera de la vaca, la que reúne por cierto las partes más atractivas: las ubres y el rabo espantamoscas. De esos cuadernillos hicimos más de trescientos números a lo largo de diez años, treinta y tres por año, en tiradas de doscientos ejemplares que se distribuían entre colaboradores, suscriptores y amigos. La participación estaba abierta a todo el mundo. El colaborador más joven tenía un año de edad (sus padres transcribieron los ruidos que hacía mientras se bañaba con su patito o cuando escuchaba «Anchoas y aceitunas» de Rossini); el más mayor debió de ser mi propio abuelo, que publicó sus poemas utilizando hasta seis seudónimos distintos (no quería que le consideraran un acaparador). En estos cuadernillos cabía cualquier cosa que pudiera darse en ocho páginas: poemas y cuentos, dibujos, páginas de diario, pequeñas piezas teatrales, historietas, apuntes de viaje, listas de cosas, etc.

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