Los libros de Genichiro Yagyu
10 de Enero de 2009 | Lecturas
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agujerosMi primer contacto con los libros de Genichiro Yagyu fue en el verano 2003 cuando Vicente y Begoña, alma mater de Media Vaca, volvieron de su primer viaje a Japón,  como siempre cargados de tesoros encontrados en librerías locales… Me enseñaron la colección en japonés y algunas de las traducciones en inglés que también habían encontrado en Tokio.

Me encantaron los títulos: Costras, Agujeros de la nariz, Ombligo, Tetas, Plantas de los pies y Dientes y me pareció genial que decidieran obtener los derechos de reproducción para publicarlos en español.

Lo primero que pensé es cómo me hubiera gustado con siete años poder haber leído Costras o Tetas, incluso poder haberlo paseado orgullosa por el colegio asegurándome de que todo el mundo viera el título de la portada.

Cuando finalmente Media Vaca publicó la edición traducida al español, el editor, Vicente Ferrer, me pidió que leyera los textos desde un punto de vista médico, analizando la fidelidad de los contenidos científicos y la adaptación de los mismos para el público español.

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Frühstück
08 de Agosto de 2008 | Lecturas
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fruhstckNo recuerdo cuándo vi por primera vez ilustraciones de Susanne, pero sí sé que el primer libro suyo que compré fue el titulado Cuando el mundo era joven todavía [Als die Welt noch jung war] de Jürg Schubiger, que publicó en español la editorial Anaya en 1997. Estoy seguro de que ya había visto antes otros dibujos, porque me había fijado en que firmaba con un nombre muy largo, Rotraut Susanne Berner, y había tratado de memorizarlo sin conseguirlo. Hasta no hace mucho dudaba si Rotraut iba al principio, en el medio o al final.

Me pareció divertido que usara lápices de colores, y me gustaron especialmente los rojos y los verdes de su paleta. Aunque hablar de paleta no sea muy preciso; debería decir «de su estuche». Me atrajo sobre todo el aire popular de sus composiciones, muchas veces sin fondos y con personajes moviéndose por el aire. Ingenuistas, se podría decir, pero repletas de elementos inquietantes. Como el león en el cuadro del Aduanero Rousseau: respetuoso con el sueño de la gitana, pero tal vez no. 

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Asunto: Hola, vecino
10 de Mayo de 2008 | Lecturas
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robinsoncieloEl dibujante cubano Ajubel estuvo viviendo varios años en Valencia en el mismo edificio donde se encuentra la editorial Media Vaca. El mismo día en que se trasladó a otra vivienda, su amigo y vecino, el editor Vicente Ferrer, se decidió por fin a encargarle la realización de un libro: una versión de Robinson Crusoe en imágenes.

El lunes 27 febrero 2006, a las 16:42, MEDIA VACA escribió:
Hola, vecino, acabo de abrir tus mensajes. Me gustan mucho los dibujos!
Creo que prefiero el primero, porque favorece una lectura más inmediata. El que no exista un texto de acompañamiento obliga de alguna manera a que la transición de una imagen a otra sea más suave, utilizando la continuidad de movimiento, de color, etc., como en el cine. Creo que comentamos lo de ir graduando la aparición del color hasta que explote absolutamente en la isla. ¿Has pensado sobre esto? Envíame otras muestras si quieres y cuando tengas más material podríamos quedar para vernos. Un abrazo, Vicente

El lunes 27 febrero 2006, a las 17:43, AJUBEL escribió:
Gracias vecino. Sí, en efecto, la primera. Lo que más me ha costado es encontrar la estética. Pienso que por acá la cosa puede ir. Este es el primero que me ha inspirado para meter en el ordenador. Lo del color es para verlo en general, pero sí, aquella idea la mantendremos, ya te iré enseñando algunos mientras vaya avanzando y después podemos quedar. Un abrazo y saludazos para Begoña también, Ajubel 

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Zun Zun Pion Pion
09 de Enero de 2008 | Lecturas
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shintachoEXCURSIÓN A SHINTA CHO

Shinta Cho no es un lugar, y sin embargo la palabra excursión me ha parecido adecuada. No he llegado a Shinta Cho como ese viajero que al parecer todo lector lleva dentro, sino como un turista que sólo ha podido contemplar aspectos parciales y superficiales de un personaje y una obra que se adivinan mucho más interesantes.

Como curioso de los libros acostumbro a visitar bibliotecas y librerías en todas aquellas ciudades adonde llego. Al igual que los jardines botánicos, los museos o los templos, las casas de los libros son espacios recogidos que invitan a la introspección y, como regalo, proporcionan abundante información acerca de los lugares y las personas.

En 2003 nos encontrábamos en Tokio y le propuse a Begoña asomarnos a una librería. En esa selva de rótulos verticales, indescifrables para nosotros, ¿qué combinación de signos querría decir «librería»? El ángel de la guarda de 24 horas del turista acudió en nuestro auxilio y no tardamos ni tres minutos en avistar, sobre un edificio parecido al almacén de dinero de Tío Gilito —con letras perfectamente reconocibles y de considerable tamaño—, la palabra «LIBRO».
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La foto de despedida
05 de Enero de 2008 | Lecturas
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despedidaEn las páginas finales de Érase veintiuna veces Caperucita Roja está la foto de despedida del taller de verano del Museo Itabashi 2003. Habíamos pasado cinco días juntos: 22, 23. 24, 25 y 26 de julio. Habíamos trabajado muchísimo. Y estábamos muy contentos. Tanto que la energía que concentramos se mantuvo durante los años suficientes como para llegar a hacer realidad un libro imposible incluso para un editor de libros imposibles como es Vicente Ferrer. ¿Qué ocurrió aquellos cinco días? Yo, que también estoy en la foto, escondida entre las Caperucitas, fui a la vez testigo y parte de ese suceso.
Un ejemplo que nos habla de que la comunicación es posible, de que el trabajo bien hecho tiene éxito, de que el esfuerzo comunitario da fruto.

Érase una vez una directora de un pequeño museo municipal de Tokio especializado en las exposiciones de libros ilustrados; érase una traductora que aprendió a hablar castellano en Sevilla; érase un dibujante que se hizo editor para poder leer los libros que nadie hacía; érase un dibujante que vio esos libros en un stand en la feria de Bolonia y se quedó extasiado mirándolos uno a uno durante una hora; érase veinte dibujantes más que pidieron vacaciones en sus trabajos, prepararon su currículum, pagaron su matrícula y trabajaron duro durante una semana para medirse con un editor español del que no sabían nada, o casi nada; érase una de las dibujantes que decidió, acabado el curso, mantener el espíritu de grupo. Y yo. Ahí estamos en la foto —sólo faltan Tomoko y Yuka—. Muy contentos. ¿Qué pasó?

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