Tertulia
08 de Enero de 2013 | Lecturas
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Almada—¿Ilustrar?

—Tiene que ver con las ideas.

—No debe confundirse con la palabra dibujo.

—Un dibujante no es necesariamente un ilustrador. Un ilustrador no siempre utiliza el dibujo en su trabajo.

—Puede usar la fotografía, el collage, la escultura, la tipografía.

—El ilustrador es un narrador. Lo importante es que cuenta cosas.

—No es una cuestión de habilidad manual.

—¿Fue Steinberg el que dijo que el ilustrador es un escritor que escribe con imágenes?

—¿Steinberg?

—Rumano. Estudió arquitectura en Milán. Cuando llegó a Nueva York no hablaba inglés. Dice que aprendió gracias a los carteles de publicidad y los letreros luminosos.

—Ah, la publicidad callejera es la mejor cartilla escolar.

—Steinberg hizo muchas portadas para el New Yorker. Algunas muy famosas.

—Yo no lo veo exactamente como un ilustrador: sus dibujos se exhiben en museos y galerías. Un ilustrador raramente expone su trabajo: sus originales tienen como finalidad la reproducción por medios mecánicos.

—Tal vez una cosa no quita la otra. Hay originales que son obras muy bellas. Si no hay más exposiciones es porque el papel tiene una vida muy corta y el mercado del arte y los coleccionistas prefieren inversiones más duraderas.

—Particularmente, prefiero un libro. En cualquier caso, el ilustrador parte de una idea literaria previa o un texto.

Ilustrar quiere decir iluminar, ofrecer luz sobre una cosa. La ilustración gráfica ayuda a la comprensión de un texto, favorece su lectura.

—Para mí, la ilustración funciona precisamente cuando sugiere distintas lecturas.

—De la misma manera que ocurre con un texto: no tiene por qué ser evidente. Es fundamental preservar cierto misterio.

—Que no quede todo dicho.

—El lector también debe participar.

—A mí me resulta penoso, en muchos libros infantiles, ver cómo el ilustrador no hace sino repetir lo que dice el texto, sin aportar su propia visión. El ilustrador es también autor, y muchas veces él mismo se olvida. Como autor tiene una responsabilidad con sus lectores.

—Es verdad. El escritor dice, por ejemplo: «A Luisa le regalaron un libro maravilloso y pasó con él una tarde divertidísima». Y la imagen que el ilustrador propone es una niña sentada en un sillón con un libro entre las manos.

—Sí, ver a cualquiera sentado en un sillón no tiene nada de maravilloso. Y menos sujetando un pesado libro. ¡Aunque se ría!

—El placer de la lectura difícilmente se puede representar con un libro. Un libro es como un ladrillo. Lo interesante no es el aspecto del libro, sino lo que ocurre en nuestra cabeza.

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Carta a la alcaldesa de Vuitonia
19 de Noviembre de 2012 | Lecturas
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Barber2

Acabo de cumplir cincuenta años y, después de hacerme un reconocimiento médico exhaustivo, puedo decir que mi salud física es excepcional. Hasta mi médico de cabecera me ha dado un abrazo para felicitarme por lo que considera un milagro bioquímico. Lo inédito del caso es que no me cuido lo más mínimo: para que se hagan una idea, les diré que desde que tengo uso de razón siempre que voy a un restaurante, antes de pedir la carta, exijo que me traigan un salero. Creo que sería muy feliz probando cualquier sopa cocinada con las salobres aguas del mar Muerto. He fumado toda mi vida como un carretero, no son pocas las veces que he ingresado en urgencias del Clínico por algún que otro coma etílico. Duermo con calcetines de lana en verano y con los pies desnudos y al aire en invierno. Nunca le hago ascos a las drogas a las que me invitan mis viejos compañeros de farra y correrías. Y desde que esta ciudad se ha convertido en la cuna de espantosos eventos deportivos, el único ejercicio físico que practico es la cetrería sin ventura con mi periquito. Y a pesar de todo, mi corazón está tan sano como el de un cervatillo y mi hígado fresco como el de un ternero alimentado en los pastos alpinos.

Pero a pesar de que mi salud física es envidiable, mi salud mental es deplorable. En estos últimos meses he caído presa de un estado melancólico terrible; estoy tan perdido que no sé si asomarme a la ventana de la galería interior, donde sólo vislumbro las regiones inhumanas de mí mismo, o mirar por la ventana que da a las calles de esta ciudad enferma por una epidemia frenopática evangelizada por la horchata transgénica y esas nubes cancerígenas resultantes de la combustión fallera del polietileno expandido. Y pienso si este amargo desconsuelo no será porque yo también he sido un actor más de este vodevil deplorable en el que me forré construyendo nichos para vivos y alcázares de yeso pulido para muertos. Yo también he lucido moreno verde oliva, vestido trajes de Armani, calzado zapatillas de Loewe y clavado mis dentelladas en las escabrosas ubres de esta arcadia del despilfarro y de los caciques del ladrillo a pie de playa. Excelentísima señora alcaldesa, la invito a ser sodomizada por cada una de las gárgolas de nuestro gótico civil ¡Ay, Valencia mía!, ¿por qué has hipnotizado a los pobres de corazón con todos esos grandes eventos y luego los obligas a despertarse en fiestas de espuma?

Que levanten la mano quienes quieran condenar a nuestra televisión pública a 30.000 horas de cartas de ajuste. ¿De verdad hay que pagar esos sueldazos a esos mayoristas de la estupidez con dinero público? ¿Hasta cuándo vamos a seguir aupando a estos gobernantes que parecen sacados de una mezcla de auto sacramental y de la peor película del destape? Mis muy honorables, tramiten ya una instancia para que podamos celebrar una exposición universal para el 2050 con el tema único de las aguas fecales. Consejeros, no quiero vuestros consejos. No seré yo el que suba a las peanas del prepago para ver desfilar la papada papista del Santo Pontífice. La fórmula de la atrocidad: velocidad igual a espacio urbanizable dividido por tiempo de gobierno. La Fórmula 1 es cantar de otros cantares. ¡Vicario lúgubre, quédate a la luna de Valencia con tu priapismo saturniano! ¡Madona, no nos traigas tu metadona! Mercadona, Mercadona, prefiero el suicidio moral a empadronarme a ciegas en tus ensanches.

Grao

Texto: Carta al director —firmada por el personaje Grao— que forma parte de la obra El alma se serena, de Lluïsa Cunillé y Paco Zarzoso [colección Grandes y pequeños].

Imagen: Las hermanas Gilda, de Vázquez: Hermenegilda con el pelo de Leovigilda.

 
 
El Diccionario ilustrado del Siglo XXI
27 de Septiembre de 2012 | Lecturas
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siglo_XXIEl CEIP Siglo XXI de Las Rozas, en Madrid, ha publicado el Diccionario ilustrado del Siglo XXI, realizado por las niñas y niños del colegio. El proyecto es una iniciativa de la Asociación de Madres y Padres en el que ha participado toda la comunidad educativa. Dicen, y así lo hacen constar en el propio libro, que está inspirado en el diccionario Mis primeras 80.000 palabras de Media Vaca, lo que nos llena de alegría. Es, sin ninguna duda, un grandísimo honor.

El Diccionario se abre con un prólogo de Isaac Rosa donde el escritor agradece a todas las niñas y niños poder disponer de un libro como este, «un diccionario salvaje con el que desde ahora podré pasar unas buenas tardes salvajes». Para Isaac Rosa, un diccionario salvaje es un diccionario sin domesticar. Para Claudia Vivero, de 4º de primaria (citada por el prologuista), Salvaje es también una persona a la que le gusta trepar, correr por todas partes, etc.

En su texto de introducción, los responsables de la Ampa se declaran muy orgullosos de este diccionario: «Demuestra, una vez más, de lo que es capaz la escuela pública. Nos sentimos afortunados de contar con un equipo directivo, un profesorado y unas familias comprometidas e implicadas. Y nos sentimos especialmente afortunados de la diversidad de niños y niñas que asisten a nuestra escuela. Esa es también nuestra gran riqueza».

Tal como se hizo en Mis primeras 80.000 palabras, los coordinadores del diccionario pidieron a los participantes que pensaran en su palabra favorita y que realizaran un dibujo que sirviera para representarla. También había que escribir una explicación para cada palabra; en este caso, una definición personal no sacada de ningún libro. Cada estudiante de primaria ha escogido su palabra y hay una palabra por cada clase de la etapa infantil. Todo el trabajo se llevó a cabo en las aulas. Veamos algunos ejemplos.

Béisbol pie: El béisbol pie consiste en que el pitcher tire la pelota. Si da una vuelta es jonrón y si le pillan entre dos bases está totalmente eliminado. [Álex Botín, 3º primaria A.]

Caballo: Es un animal que se usa para hacer carreras, pasear, divertirse y muchas cosas más. Se comunica a través de «¡hiii, hii!». Así es como se comunica este tipo de animal llamado caballo. [Narjis Alakhbaze, 3º primaria B.]

Corazón: Está dentro del cuerpo. Es rojo, suena «pup, pup». Cuando estoy nerviosa, va rápido. [Yelissa Santana, 1º primaria A.]

Empatía: Es una persona que se pone en el lugar de otro y tiene un sentimiento parecido al de esa otra persona. [Alvin Obispo, 6º primaria.]

Guachafita: Significa ir de fiesta o ir de broma, por ejemplo, cuando alguien te dice «Vamos a una guachafita» o «Vamos de guachafita». Es una palabra colombiana, aquí en España no se suele utilizar. [Santiago Escobar, 6º primaria.]

Mamá: Es una persona que me prepara la comida, me baña, me saca de paseo y me da abracitos. [Mª del Carmen Peña, 1º primaria B.]

Paz: Paz es una palabra hermosa. Tener paz significa que no hay guerra. [Estefanía Martí, 4º primaria.]

Pereza: Costumbre de algunas personas, que se manifiesta cuando hay alguna situación de coger o levantarse cuando hay que hacer algo. [Alejandro Escobar, 6º primaria.]

Gráficamente, el libro está muy bien resuelto. Se percibe en las imágenes cierta influencia de Saul Steinberg, Paul Klee, Jean Dubuffet, Jirí Salamoun y otros grandes maestros, aunque es posible que los jóvenes alumnos del colegio Siglo XXI no hayan oído hablar nunca de estos artistas. Al tiempo. Este precioso libro —y este más precioso proyecto colectivo— permite mantener vivas todas las esperanzas.

Vicente Ferrer

Diccionario ilustrado del Siglo XXI, Realizado por las niñas y los niños del colegio Siglo XXI. Prólogo de Isaac Rosa. Proyecto: Asociación de Madres y Padres del CEIP Siglo XXI, en colaboración con el colegio. Diseño y maquetación: ES ediciones. Primera edición: abril 2012.

 
El Persa
20 de Junio de 2012 | Lecturas
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Persa.2El Persa (Pepe Cardona) ha muerto hace unas horas. Ha muerto Pepe Cardona pero no El Persa. El Persa sigue y va a seguir con nosotros. Está en sus libros y en sus dibujos, en sus recortables y en sus pinturas. En sus historias que contaba en cierto modo como Joyce escribía en las tabernas, a perder. Y podía perder no sólo sus papeles sino incluso las palabras. Sin embargo, cuando ahora cierro los ojos, veo aquellos papeles que El Persa olvidaba, y oigo sus palabras a las que apenas él prestaba atención. Y, por supuesto, ninguna importancia.
Todo eso que no existe nos lo ha dejado. Quienes fuimos sus amigos lo sabemos. Lo que deja tras de sí un ser humano excepcional es lo que no se ve: no es una obra escrita o pintada —esto además— es bastante más que eso: es todo aquello que sabemos que pudo hacer y en cierto modo hizo, aunque sin hacerlo. 
Ver a un amigo que sufre y se resiste a morir porque no cree que su hora llegó, y no lo cree porque no hay hora aceptable para ninguna muerte, ver a este amigo sufrir de ese modo sin poder hacer gran cosa a pesar de todas las ayudas médicas, es tremendo y es indignante. Y El Persa era consciente de su situación y de la situación —y del dolor— de quienes como su mujer y su hija lo cuidaron y lo quisieron al máximo. Me consta cuánto pensaba en ellas, y cuánto las amaba.
A mí, personalmente, me dio ejemplo de dignidad que era la prolongación natural de su dignidad sostenida a lo largo de toda su vida. La parte de vida que pude ver no tuvo que contármela. La que no vi, puesto que no lo conocía ni en su infancia ni en su juventud sino bastante más tarde, esa parte que no vi, la iba contando a trozos sin darle importancia, sin quejas, sin envidias o rencores. Incluso con alegría. El Persa era un niño muy alegre.
Cuando un hombre no envidia y  no guarda rencor sino que mira adelante y trata de hacerte siempre pasar un buen rato, no quieres dejar de ser su amigo. Necesitas esa amistad y hasta deseas largarte antes que él de este mundo para tener cerca al amigo hasta el final. Puro egoísmo, lo sé; pero si lo expreso de esta forma es para repetirme que siento su muerte no sólo como una desgracia para todos, sino también como una pérdida personal de alguien capaz de hacerte más soportable lo que a todos nos parecerá insoportable: morir sin esa mirada de comprensión y de apoyo.
Días atrás, cuando todavía aunque con mucho esfuerzo, podía incorporarse, me abrazó con una fuerza que ya no tenía a las puertas de su casa. Este fue, pensé al despedirme, su adiós: porque él sabía que no íbamos a vernos nunca más.
Cuando recibí esta mañana la noticia, cerré los ojos: El Persa aún estaba abrazándome. No había dejado de hacerlo desde aquel último abrazo, cuando pronunció mi nombre dos o tres veces, y lo miré al rostro, y advertí que había lágrimas en sus ojos.

Ignacio Carrión

«Un hombre que ha muerto pero no va a morir»; publicado en «Escritura interior» el 19/06/2012; http://www.ignaciocarrion.com/

Imagen: autorretrato de El Persa; febrero de 2009.

 
Premio a Benvinguts al Cabanyal
09 de Junio de 2012 | Lecturas
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SALVADOS

Queridos amigos y amigas del Libro de Arte (así, con mayúsculas), tenemos una buena noticia que daros: el libro Benvinguts al Cabanyal, editado por Media Vaca, ha recibido el tercer premio en la categoría «Libros de Arte» dentro de los Premios a los Libros Mejor Editados en 2011, convocados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Según la nota de prensa emitida por el Ministerio, este año se han valorado 251 obras en total dentro de cinco grupos temáticos. En el de Libro de Arte, el primer premio ha sido para el libro Grabadores Extranjeros en la Corte Española del Barroco, de Javier Blas, María Cruz de Carlos y José Manuel Matilla, y el segundo para La habitación imaginaria, de Juan Eduardo Cirlot. El tercer premio obtenido por Benvinguts al Cabanyal nos ha proporcionado una gran alegría y hemos sentido la tentación de salir de casa corriendo para pregonar a los cuatro vientos tan acertado fallo. El Barroco, ¡qué gran época para ser grabador extranjero!; Cirlot, ¡qué gran poeta y crítico de arte!; El Cabanyal, ¡qué gran lugar para vivir una vida artística y alegre! Hemos llegado a poner un pie en la calle (nuestra casa está en el centro de Valencia) y, por suerte, hemos caído pronto en la cuenta de que estamos rodeados de vecinos implicados en tramas corruptas campando a sus anchas; que nuestros libros prácticamente no se venden en esta ciudad; y, también, que las últimas veces que hemos ganado algún premio, casi nadie atendió nuestros comunicados de prensa.

En este caso, la ocasión merecía el esfuerzo, así que hemos vuelto a subir a casa para redactar una breve nota.

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