Plaza de la República
21 de Enero de 2016 | Lecturas
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Plaza Republica

Aunque en la postal se lee «Calle de Colón», esas casas de Valencia pertenecen a la Plaza Porta de la Mar, que antes fue del Marqués de Estella y mucho antes el Llano del Remedio. En 1937 la bautizaron como Plaza de la República, pero no fue más que un espejismo fugaz. Ese edificio de viviendas lo hizo construir, en 1904, mi tatarabuelo, Andrés Ferrer, y proviene de su fundición el trabajo de hierro. En la casa del centro pasé la infancia y la adolescencia. Hoy parece un lugar anodino, pero durante muchos años fue mi ventana al mundo y el punto de partida de todas mis exploraciones por la ciudad.

Vicente Ferrer Azcoiti
Editor de Media Vaca

[Del artículo de Vicent Molins para Valencia Plaza. Se puede leer completo en http://valenciaplaza.com/estas-son-las-postales-favoritas-de-valencia-segun-una-docena-de-valencianos]

 
Feliz 2016
05 de Enero de 2016 | Lecturas
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Goya cuaderno¡MEDIA VACA LE DESEA UN FELIZ AÑO

DEDICADO A LA LECTURA DE LIBROS INFANTILES!

No hay un lugar mejor para rastrear

hacia dónde va la humanidad.


[Imagen: Francisco de Goya. Dibujo perteneciente a uno de sus últimos cuadernos (1820-1824)].

 
Alfabeto de circunstancias
21 de Noviembre de 2015 | Lecturas
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Fuego sobrecubierta

Me piden que diga unas palabras y que hable en nombre de todos los premiados. No sé si esto es posible, ya es difícil hablar en nombre de dos personas. Me gustaría decir algo sobre la forma en que vivo mi oficio, y dar algunos ejemplos de lo que tengo más cerca. Como sólo dispongo de diez minutos, en estas circunstancias lo más apropiado es leer un Alfabeto de circunstancias. Y eso es precisamente lo que me dispongo a hacer, con la colaboración de unas letras amigas.

La A es la A de ATXAGA. El escritor Bernardo Atxaga adquirió una máquina de hacer alfabetos que ha llegado a manejar con gran virtuosismo. Le pido prestada su máquina —un hermoso artilugio, muy parecido al que se usaba para hacer fideos artesanales—, lo pongo a él al frente para que me dé suerte y sigo adelante.

Golpea la puerta de la B, dando grandes voces, Vicente Blasco Ibáñez. Es natural: estamos en Valencia, hablamos de libros; su nombre es casi imprescindible. Pero no es imprescindible, así que no abrimos la puerta y ya está. A quien sí dejamos pasar es a otro escritor que lleva la B en su apellido. Es Jan BRZECHWA (pronunciado bshegfa), que fue poeta y narrador, y autor de libros para niños. Suyo es el poema «Pali sie!» («¡Fuego!») que ha dado lugar al libro que aquí nos trae. Es un libro sobre los bomberos, pero también se habla en él de una mosca, de san Floriano, de Rubén Darío y de las fallas de Valencia.

La C es la C de CÁRCEL. Este lugar donde nos encontramos, el monasterio de San Miguel de los Reyes, fue utilizado en el pasado como cárcel. Por aquí pasó Vicente Blasco Ibáñez, que insiste en entrar en el Alfabeto. Esta vez se lo permitimos, con la condición de que nos deje copiar un fragmento de una carta enviada desde París a sus socios de la editorial Sempere, luego llamada Prometeo.

«Si es que puedo emitir mi opinión libremente (…) les diré que el cuaderno 4º (de la Historia de la guerra) no me gustó y que el buen aspecto de la publicación no va para arriba.
Esa lámina vieja es un disparate. ¿Por qué roja? Se comprende si hubiese un incendio o antorchas. Pero no hay nada de esto. Es la calma de la noche después del combate, y de tener un color más bien debía ser azul, o el verde de la 2ª lámina. Además ni siquiera es rojo, sino fresa aplastada, o grosella. El color de las estampas de goma de santos que comprábamos de chicos. Muy mal. Eso de los colores es para usarlo con discreción, sobre todo los fuertes. Y exige sentido común para que los colores vayan con arreglo al argumento de la lámina.
Además son demasiadas láminas inglesas seguidas. Parece que sólo hacen la guerra los ingleses. Ahí tienen la Marsellesa cargando a la bayoneta, etc. y otras de L’Illustration. Pero, ¡por Cristo!, no las sirvan con salsa de grosellas.
Espero que una vez advertidos, pues cualquiera puede equivocarse, no reincidirán en el error. Se pueden hacer láminas rojas, pero cuando lo exija el argumento, cuando haya fuego, ¡y de otro rojo!
(…) Otra cosa a Sempere. Si me han de seguir enviando los cuadernos como hasta ahora, en un cartón blando como un moco, más vale que no me los envíen».

Como se puede comprobar por esta carta (y por otras), Blasco tenía una visión de los libros que iba más allá de la que tenían muchos de sus contemporáneos. Para él, un libro era algo que exigía ciertas atenciones, que no se podía hacer de cualquier modo. Si uno quería destacar y hacer dinero, era importante fijarse en los modelos de más pudimos tratar conador. No fue n decisiones.ambiado desde entonces)éxito.

La D es la D de DISEÑO. El libro es un producto muy diseñado. Importa el papel, la encuadernación, las ilustraciones, la tipografía… También la manejabilidad, el peso, el formato… Todos estos elementos forman parte de la labor profesional de un diseñador, pero cuando esa figura no existía, eran competencia del editor. Todavía hoy, suele ser el editor quien tiene la última palabra en muchas de estas decisiones.

La E es, naturalmente, la E de EDITOR. ¿Qué hace un editor? ¿A qué se dedica exactamente un editor? Si los libros los escribe el escritor, los imprime el impresor, los distribuye el distribuidor y los vende el librero, ¿qué es lo que hace a fin de cuentas el editor? ¿Quién es este personaje? ¿Es un señor rico que tiene el capricho de gastarse su dinero en libros? Pues bueno, hay editores así. ¿Es un señor un tanto pícaro que hace lo que le apetece pero sin pagar a nadie? Pues también los hay. ¿Es alguien que conoce a mucha gente y que se pasa el tiempo asistiendo a cócteles? Los hay, los hay. ¿Es alguien que no se relaciona con la gente y que se pasa el tiempo encerrado en una habitación llena de libros? Pues sí, pues sí. La verdad es que hay editores para todos los gustos. Simplificando mucho, podríamos decir que hay dos tipos principales: los de las grandes empresas (que a veces son los dueños, a veces socios y a veces empleados), cuyas caras, la verdad, nos suenan poco; y los de las casas pequeñas (que suelen ser dueños y empleados al mismo tiempo), que se ocupan de infinidad de cosas y que son —y, seguramente, lo seguirán siendo— completos desconocidos.

La F es la F de ¡FUEGO!, que es el título castellano del libro de Jan Brzechwa ilustrado por Agnieszka Borucka-Foks. Conocimos a Agnieszka en la Feria del Libro de Bolonia, en 2001. (En esa época era Agnieszka Borucka a secas, todavía no se había casado con Mateo Foks). Nos enseñó su proyecto de libro ilustrado a partir del poema de Brzechwa y enseguida quisimos hacer el libro. Si hemos tardado trece años en hacerlo es por causas que se dirán a su debido tiempo. El proyecto de Agnieszka era su trabajo de fin de carrera en la Academia de Bellas Artes de Varsovia, donde ella cursaba la especialidad de diseño de libro.

La G es la G de GRAZKA LANGE. Grazka fue la profesora de la Academia que le hizo el encargo a Agnieszka. Es, seguramente, una de las más prestigiosas diseñadoras de libros a nivel internacional, ganadora de muchos premios. Y es, a pesar de sus méritos, una persona muy discreta. No se deja retratar, y en las fotos de grupo siempre sale de espaldas. Cuando parece que la has pillado distraída, resulta que tiene un jarrón delante de la cara, o un libro, o cualquier cosa más bien opaca.

A Grazka la conocimos también en Bolonia. Profesores y alumnos eran amigos y viajaban juntos en una gran caravana desde Polonia a Bolonia. (Parece cerca porque suena casi lo mismo, pero no es así). Es curioso pensar que estuvimos a punto de publicar a la alumna antes que a su maestra. Aunque al final los libros de ambas han aparecido casi a la vez, con muy poca diferencia. Eso ha sido así, entre otras razones, por lo que se cuenta en la siguiente letra, que es la H de HEREDEROS.

El trabajo principal de un editor consiste, desde mi punto de vista, en resolver problemas. Problemas que abarcan cualquier tipo de cosas imaginables. Cuando Grazka puso a sus alumnos a trabajar sobre poemas de Brzechwa (fallecido en 1966) no sabía que sería tan complicado conseguir el permiso para publicar la obra. En un primer momento, ocurrió sencillamente que no conseguimos localizar a los herederos, y eso que el propio Brzechwa había trabajado en la Sociedad de Autores Polacos. Cuando un día, de improviso, nos llegó una respuesta en forma de correo electrónico, pensamos que habían hecho falta todos esos años para que nuestro interlocutor aprendiera inglés y se familiarizara con el manejo del ordenador. Nada de eso. Pronto recibimos un contrato perfectamente redactado en el que figuraban como beneficiarias hasta seis personas distintas, con porcentajes variables entre el 40 y el 7,5 por ciento. A partir de ese momento, todo fue más sencillo, gracias a que tratamos con una persona que actuó como representante de todos los Brzechwa. A él, a Wiktor Reyzz-Rubini, a quien no conocemos personalmente, se debe el que esta edición haya sido posible.

La I es la I de ILUSTRACIÓN, sobre la que no voy a extenderme. Sólo diré que la palabra ha hecho fortuna y que en los últimos años muchos jóvenes quieren convertirse en ilustradores. Eso estaría bien si su educación fuera tan exigente como la que reciben los alumnos de Grazka, pero no siempre es así. Todos los años, nuevas promociones de jóvenes, que en su gran parte no compran ni leen libros, aspiran a ser los ilustradores de esas obras, que van paseándose de la imprenta a un almacén, del almacén a la librería, y vuelta atrás, sin encontrar lectores.

La J es la J de JUEGO. Las personas que nos dedicamos a actividades relacionadas con los libros hemos de ser conscientes de que entregamos nuestros días a unos objetos que, aunque tienden a ocupar todos los rincones de nuestra casa y todas nuestras maletas cuando viajamos, en general, no importan gran cosa a la gente. Los libros de más éxito siguen siendo los que escriben los presentadores de televisión, y aun esos no los lee nadie. (Seguramente exagero, pero bueno, estamos en la J de Juego). Tenemos pues que inventarnos la manera de pasarlo bien mientras desarrollamos nuestro oficio. En mi caso, trato de relacionarme sólo con gente amable, y busco, en cada uno de los proyectos, todos los recursos de humor, los evidentes y los muy escondidos. Por eso, a pesar del tiempo y el esfuerzo invertidos, acabamos pasándolo bien con el libro ¡Fuego! Nos salvamos, porque hicimos del libro un gran juego.

La K es una letra bastante difícil de ubicar, pero en este Alfabeto no hay duda de que pertenece al nombre KRYSTYNA. Es el nombre de dos mujeres polacas. La primera, Krystyna Brzechwa, que es pintora, tiene 87 años y es la hija del autor del poema ¡Fuego! La hemos conocido hace tan sólo unos meses, casi quince años después de interesarnos por la publicación de esta obra. Nos citó en una cafetería muy elegante del centro de Varsovia, que fue, como nos dijo, el lugar donde se conocieron ella y su marido, Wiktor Reyzz-Rubini. Nos enteramos, en ese momento, de que los dos están separados, pero que han mantenido siempre una buena amistad. Le dimos a Krystyna nuestra edición de ¡Fuego!, y de esta manera, con unos cálidos apretones de manos, concluimos una aventura que necesitaba un punto final.

La otra Krystyna también es polaca, no tiene edad y es profesora en Ciudad de México. La conocimos hace tiempo como colaboradora de la editorial Tecolote, especializada en libros de historia para niños. Como su intervención en este libro es destacada, y aprovechando la circunstancia de que su apellido comienza por L, le dedicaremos la letra.

La L, pues, es la L de LIBURA, que es como se llama esta Krystyna. Es también, un poco, la L de Libro, pero en euskera, Liburu, porque en polaco no tiene nada que ver. Krystyna se ofreció a realizar una traducción literal del poema de los bomberos, que nos fue de gran utilidad cuando el que iba a ser el traductor de este libro salió huyendo en dirección contraria al fuego. El año pasado, en la Feria del Libro de Guadalajara, en México, le entregamos a Krystyna un ejemplar, y le emocionó mucho saber que nos habíamos tomado tantas molestias para dar a conocer a nuestros lectores a este poeta polaco, compatriota suyo.

La M es —no podía ser de otra manera— la M de MÉXICO. Si hoy estamos aquí, si seguimos haciendo libros después de diecisiete años, es, sobre todo, gracias a las compras de libros gratuitos para las escuelas que realiza el Gobierno mexicano. Hemos tenido la suerte de que muchos de nuestros libros han sido seleccionados en los programas que convoca la Secretaría de Educación Pública, SEP, y que de esos títulos se han hecho largas tiradas (la media es, probablemente, de 50.000 ejemplares). Aunque el sistema de selección pueda mejorarse, no hay duda de que el programa es ejemplar y, en América Latina, desde hace algún tiempo, otros países lo vienen imitando. ¡Ojalá dispusiéramos de esa variedad de propuestas para el disfrute y el aprendizaje de nuestros escolares!

La N es la N de NARIZ. No sé cómo ha llegado hasta aquí esta nariz. Quizá sea porque al hablar de traducciones complicadas me he acordado de los versos nonsense de Edward Lear, un autor preocupado por su nariz que dedicó al tema varios versos. Después de muchas versiones, en este preciso momento sigo enredado con las rimas de Lear. Pero no, la nariz no es la suya, ni la de ninguno de sus personajes, sino la de Luis Santángel. Luis de Santángel, banquero valenciano, está considerado como un protector de Cristóbal Colón y un «generoso cooperador del descubrimiento de América». Tiene un busto que lo recuerda de esa manera en el Paseo de la Alameda, más o menos enfrente del bar La Pérgola. En cierta ocasión, hace ya algunos años, Begoña y yo, de ronda por la ciudad, acertamos a pasar por un costado de la estatua. Nos encontramos con que el pedestal estaba todo manchado con símbolos nazis y pintadas de odio a los judíos. El suelo estaba lleno de piedras, y con una de ellas alguien le había roto la nariz al busto. Nos quedamos unos minutos mirando aquel desastre y de repente descubrimos que entre las piedras estaba la nariz de Santángel. La recogimos del suelo y nos quedamos preocupados sin saber qué es lo que habría que hacer con ella. Esa nariz era patrimonio valenciano. Debíamos entregársela a alguna autoridad para que la reintegrara a su cabeza por medio de una cola poderosa. Estuvimos un rato pensando cuál sería el departamento adecuado al que deberíamos dirigirnos: ¿Parques y jardines? ¿Museos? Después de repasar mentalmente varios ejemplos del descuido en que Valencia tiene su patrimonio público, decidimos envolver la nariz en un clínex y nos la guardamos en el bolsillo.

La Ñ de este Alfabeto, que quiero recordar que es un Alfabeto de circunstancias, es la Ñ de AZAÑA. La de Manuel Azaña, el último presidente de la República española. Como me he alargado mucho en la letra anterior, aquí seré más breve. Valencia fue capital de la República en 1937. Aunque parezca mentira, casi nada en la ciudad recuerda ese hecho. Durante muchos años, nuestros gobernantes han preferido echar tierra sobre el asunto y esperar a que el cambio de generaciones nos garantice un olvido perfecto que evitará discusiones que, a su entender, carecen de sentido. En 2014, sin embargo, contradiciendo esa costumbre, el Ayuntamiento de Valencia dedicó una calle a Manuel Azaña. Hecho insólito, que podría considerarse un hito. Como pocas personas se habrán topado con esa calle en sus paseos por la ciudad, diré dónde está para que quien lo desee pueda acudir hasta ella a realizar su homenaje: es el hueco existente entre el campo de fútbol del Levante y el centro comercial Arena. Es, exactamente, el callejón que ese centro comercial utiliza para sus operaciones de carga y descarga.

La O es la O de OJALÁ. Es una exclamación que proviene del árabe wa-sa Alláh, «y quiera Dios», que empleamos mucho quienes nos dedicamos a hacer libros. Según el diccionario de María Moliner, con ella «se demuestra deseo de que ocurra cierta cosa». Ojalá el libro interese a los lectores. Ojalá el ilustrador entregue pronto su trabajo. Ojalá alguien haga una buena reseña de esta obra interesante. Ojalá aquella librería tan bonita ponga nuestro libro en su escaparate. En el mismo diccionario de María Moliner, al menos en la edición que yo tengo, hay otro término relacionado que es el de ojalatero (sin hache): «Se aplicaba en las guerras civiles del siglo pasado (las del XIX) a los que se limitaban a desear el triunfo de los del partido con que simpatizaban, sin contribuir a él». Un sinónimo sería pasivo. Pues también eso.

La P es la P de PREMIOS. Por ejemplo, estos premios. Me gustaría pensar que sirven para algo. Y sí, probablemente sirven para algo, pero aún no he descubierto para qué. Hemos obtenido en ocho ocasiones los premios al Mejor Libro Valenciano, al Mejor Libro Ilustrado (en castellano) o al Mejor Libro de Bibliofilia, y nunca ha venido ningún periodista de medios locales a preguntarnos por ellos, ni han sido requeridos sus autores, ni ha pasado de una docena (hasta el año pasado) el número de ejemplares vendidos como consecuencia de la promoción realizada. ¡Ojalá los premios sean siempre justos, y sirvan además para algo!

ta nariz. cie dedicarniños. Como y alumnos una variedad de materiales para el disfrute uy para el estudioccie dedicarniños. Como

La Q es la Q de QUIJOTE, pero está aquí tan sólo para decir que en ese libro, en el Quijote, se hace un gran elogio de otro libro, Tirant lo Blanc, cuya primera publicación, en 1490, celebramos este 20 de noviembre. Por cierto, no es el único suceso importante ocurrido un 20 de noviembre. En un día como hoy, de 1820, un cachalote de 80 toneladas atacó el barco Essex y lo hundió a 3.700 kilómetros de la costa de Antofagasta, Chile. El escritor Herman Melville, al parecer, se inspiró en este hecho para escribir su novela Moby Dick. Volviendo al Tirant, el trozo en que se habla de él, y donde se le considera «el mejor libro del mundo», es muy conocido, y es, para mi gusto, la reseña más estupenda que se ha hecho de cualquier libro. Iba a copiarla en la siguiente letra de este Alfabeto, pero como es un Alfabeto de circunstancias y las circunstancias obligan a terminar, cambiaré la R de RESEÑA por la de RESUMEN, y aceleraré el final sin detenerme apenas.

La S es la S de SANTÁNGEL. Sólo para decir que, como ocurre con todos los cuentos que tienen finales felices, al busto le creció la nariz.

La T es la de TOSCA, del padre Tosca, autor de un mapa de Valencia, dibujado a pie de calle, que se reproduce en las guardas del libro ¡Fuego!

La U es la U de UNIVERSIDAD. (A saber lo que iba a contar aquí).

La V es, por partida doble, la de VICENT VENTURA, periodista y político valenciano, que escribió en algún lugar que en Valencia, a diferencia de otras ciudades, no hay agrupaciones de amigos de esto y de aquello. En resumen, que Valencia es una ciudad sin amigos. Es una idea que habrá que desarrollar como se merece, probablemente en forma de libro.

La W es de WARSZAWA. El nombre polaco de Varsovia, la capital polaca. Es el título también del libro que hemos hecho con Grazka Lange, dentro de la colección de ciudades, que es asimismo un alfabeto. Warszawa es el lugar donde hicimos la presentación del libro ¡Fuego! Concretamente, en el Estadio Nacional de Varsovia, donde los varsovianos ven los partidos de fútbol y donde tienen la humorada de celebrar su feria del libro.

La X es la X de XAVIER ANDREU, amigo de Borriol y doctor en Historia que durante un año fue becario de nuestra editorial y que ahora vive en Copenhague. A Xavi le conté lo difícil que nos resultaba separar el trabajo con los libros del lugar en el que vivimos. Sabe cuánto hay de autobiográfico en nuestro catálogo de sesenta libros. A él está dedicado este Alfabeto.

La Y es la Y de «Y LO DEMÁS», es decir, ese etcétera que se pone al final de las frases. Porque siempre hay algo más. Por eso, los libros.

Finalmente, la Z es la de Z de ZIHUATANEJO, paradisíaca localidad turística de México donde acaban reuniéndose Tim Robbins y Morgan Freeman, los protagonistas de la película Cadena perpetua, cuando escapan de la cárcel. No puedo evitar pensar que Valencia debe de ser el Zihuatanejo de otras personas. ¡Ojalá fuera también nuestro Zihuatanejo!

Vicente Ferrer. Texto leído el 20 noviembre de 2015 en el acto de entrega de los Premis als Llibres Millor Editats i a la Labor dels Llibrers a la Comunitat Valenciana de l’any 2014. http://www.docv.gva.es/datos/2015/11/12/pdf/2015_9154.pdf

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—¡Válame Dios, –dijo el cura, dando una gran voz–, que aquí esté Tirante el Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Quirieleisón de Montalbán, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalbán, y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con el alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de Hipólito, su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen, y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los demás libros d’este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que le compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto d’él os he dicho.

(Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha; capítulo VI: «Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»).

 
Labores portuguesas
27 de Octubre de 2015 | Lecturas
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diablillo rojo

[Lo que sigue son las respuestas a un cuestionario enviado por el ilustrador e investigador portugués Júlio Dolbeth en diciembre de 2012].

Júlio Dolbeth: Has sido uno de los comisarios de la Bienal portuguesa de ilustración de 2004, la última gran exposición dedicada exclusivamente a la ilustración en Portugal. ¿Cómo surgió la invitación?

Vicente Ferrer: Begoña y yo fuimos a Lisboa, por turismo, en 1998, en el mismo momento en que le dieron el Premio Nobel de Literatura a José Saramago. La ciudad se llenó de repente de pancartas de «Parabéns Saramago» que al parecer —según nos explicaron luego—, habían desplazado a otras en las que se anunciaba el Salão Lisboa de Ilustração e Banda Desenhada '98. Por suerte, aún quedaba algún cartel en el metro y pudimos acudir a la exposición, donde nos encontramos con un amigo español, el guionista y crítico Felipe Hernández Cava, que asistía como invitado. Felipe nos presentó a los organizadores, y así conocimos a João Paulo Cotrim y a Jorge Silva. También a Eloar Guazzelli, el dibujante brasileño al que algún tiempo después encargaríamos las ilustraciones para el libro El arroyo.

La invitación para formar parte del jurado de la bienal de 2004 vino, supongo, de parte de Rosa Barreto, que era entonces la directora de la Bedeteca, aunque también conocía entonces a Alice Geirinhas y a Cristina Sampaio, las otras dos comisarias de la muestra. Desde el año del Nobel habíamos mantenido un contacto frecuente con ilustradores portugueses, ya que un grupo de ilustradores valencianos estábamos montando la Associació Professional d’Il·lustradors de València, APIV, y nos parecía prioritario establecer contacto con asociaciones, colectivos e instituciones que estuvieran trabajando en el ámbito de la ilustración. La Bedeteca de Lisboa era sin duda una experiencia ejemplar y siempre había sido para mí un modelo de referencia. En alguna ocasión fui invitado a hablar sobre nuestra experiencia gremial en la sede de la Bedeteca y, de manera recíproca, invitamos a ilustradores portugueses a participar en actividades organizadas por las asociaciones de Valencia y Cataluña.

JD: ¿Cuál crees que fue el motivo por el que terminó la Bienal de ilustración en 2004? ¿Continuaste después con actividades sobre ilustración en Portugal?

VF: No conozco exactamente las circunstancias y no me atrevo a aventurar una respuesta. Seguramente habría que dirigir la pregunta a los responsables del proyecto.

Desde 2004 he mantenido el contacto con unos cuantos ilustradores portugueses a los que sigo con interés. En 2005 y 2006 incorporé al libro colectivo Mis primeras 80.000 palabras (cuya primera edición es de 2002) a varios ilustradores presentes en la bienal de 2004. En la tercera y definitiva edición de ese libro (Valencia, 2006) figuran hasta trece ilustradores portugueses. En 2005, durante el 6º Salão Lisboa tuvo lugar la exposición «As minhas primeiras 80 mil palavras: dicionário ilustrado» en Estufa Fria, organizada por la Câmara Municipal de Lisboa / Bedeteca de Lisboa; coincidiendo con esa exposición, fui invitado a participar en la 25 Feira do Livro de Lisboa, con una ponencia titulada «Media Vaca: O livro ilustrado». Posteriormente, ese mismo año, fui invitado como jurado de Ilustrarte 2005, 2ª Bienal Internacional de Ilustração para a Infância de Barreiro, junto a Frédérique Bertrand, Carll Cneut, Kveta Pacovská y José de Guimarães. En 2008 fui invitado al XVIII Encontro de literatura para crianças «Palavras de trapos: as línguas que os livros falam», comisariado por Rita Taborda Duarte, donde presenté una comunicación sobre mi visión de los libros para la infancia.

JD: Para la Bienal de 2004, ¿pensasteis en un tema común o, por el contrario, en algo más diverso y ecléctico?

VF: No recuerdo que se hablara de un tema común. A la vista de la selección realizada, está claro que no existe un tema común. Por el contrario, probablemente de lo que sí se habló es de dar cabida a ilustradores procedentes de ámbitos diversos, como el cómic, el libro infantil o la ilustración de prensa. La selección, como no podía ser de otra manera, tiene que ver con una valoración personal y particular efectuada por los seleccionadores. En ese sentido, creo que mi presencia pudo contribuir a generar cierto debate, ya que no se juzgaba una trayectoria profesional (que en la mayor parte de los casos yo desconocía) sino trabajos concretos.

JD: ¿Crees que la ilustración en España y Portugal tienen aspectos en común? ¿Se podría hablar de una escuela de ilustración ibérica?

VF: Tradicionalmente ha habido bastante contacto entre los ilustradores de Portugal y España. Lo hay también ahora; aunque seguramente es mucho menor del que debiera, por la proximidad, por intereses comunes, etc. No creo que se pueda hablar de una escuela de ilustración ibérica. El desconocimiento mutuo es todavía muy grande: los libros portugueses no se encuentran con facilidad en España, y tampoco los libros españoles se consiguen fácilmente en Portugal. Portugueses y españoles consumimos preferentemente ilustración francesa, norteamericana o japonesa.

JD: ¿Crees que los ilustradores forman una comunidad cerrada, donde son autores y consumidores, o existe un público que consume ilustración?

VF: Evidentemente, hay un público para la ilustración fuera de la profesión. No hablamos de ingeniería nuclear ni de paleografía: las imágenes interesan a muchas personas de todo tipo. Todo el mundo, a decir verdad, puede opinar sobre las ilustraciones, sin tener un conocimiento formado. Existe, eso sí, el gusto de una mayoría que es siempre conservador, convencional y pegado a las modas; pero de igual manera que aprendemos a leer y vamos sofisticando nuestras lecturas de textos, podemos aprender a leer imágenes y convertir esa lectura en una necesidad, y así hacernos cada vez más exigentes.

JD: ¿Cómo es eso de ser ilustrador y editor?

VF: Cuando empecé a trabajar como editor, dejé automáticamente de ser ilustrador. El trabajo de editor requiere un gran esfuerzo y es difícil hacerlo compatible con otra actividad. Sin embargo, he descubierto que ser editor es en el fondo otra manera de ser ilustrador: en lugar de seleccionar imágenes, mi trabajo consiste en seleccionar ilustradores que seleccionan imágenes.

JD: ¿Para definir ilustración es fundamental que exista la publicación? ¿Hay otras formas de mirar la ilustración que no sea con el fin de la publicación?

VF: Por definición, la ilustración gráfica se refiere a imágenes, con un carácter narrativo, que son reproducidas por medios mecánicos. Hoy, las nuevas tecnologías promueven nuevas formas de difusión de las imágenes, pero no sé si esto implica verdaderamente un cambio de relación entre la creación y sus consumidores.

Por otra parte, la ilustración, aunque tiene un componente decorativo y estético innegable, no siempre puede desligarse de su función narrativa. Si nos quedamos con las imágenes y prescindimos del texto o de las ideas que dieron pie a esas imágenes, perdemos una parte de su sentido. No es infrecuente ver, en museos y galerías, exposiciones de dibujos o de collages que fueron creados para acompañar a determinado texto o eslogan, y también podemos encontrarnos esas mismas imágenes como decoración de una pizzería. Evidentemente, la lectura que hagamos de esas imágenes será muy distinta si las consideramos como creaciones autónomas. Tampoco es algo ilegítimo: la vida de las imágenes siempre ha sido misteriosa. Hay muchos ejemplos. En el fondo, es como juzgar a una persona por cómo viste o cómo anda o cómo huele y no por lo que piensa o dice; pero si nos fijamos, es algo que hacemos todos los días casi sin darnos cuenta.

JD: ¿Tu obra surge de un encargo o haces obra propia? En caso afirmativo, ¿cómo conviven los dos mundos, el de los trabajos por encargo y la obra que surge de ti?

VF: Como ilustrador hice pocos encargos. Sentí que lo que se me proponía no me interesaba; que era una forma de ganar dinero, sí, pero que también generaba una gran insatisfacción. Así que me dediqué a pensar en proyectos propios que me divirtiera hacer y que tuvieran asimismo la aprobación del mercado. Como editor he hecho exactamente lo mismo: no publico aquellas cosas que ya publican otros (y venden mucho mejor) sino únicamente proyectos en los que mi aportación, por el mayor interés o conocimiento invertidos, puede resultar más decisiva.

De los casi cincuenta libros que hemos editado con el nombre de Media Vaca, sólo dos llegaron por la vía de un encargo: Crímenes ejemplares y Libres e iguales. El primero fue una propuesta de la Fundación Max Aub de Segorbe y el segundo del Centro de Acogida a Refugiados de Mislata. En ambos casos existía por nuestra parte el deseo de hacer esos libros; si el encargo no se hubiera referido a libros que nosotros estábamos dispuestos a realizar naturalmente, es difícil que hubiéramos llegado a aceptarlos.

JD: ¿Hay alguna influencia de la cultura popular en tu obra? ¿puedes darme algún ejemplo?

VF: Sí, por supuesto. Siempre me ha interesado la cultura popular. Se puede rastrear en mi trabajo como ilustrador y como editor. Por ejemplo, el libro El mundo al revés, de Miguel Calatayud, que retoma el legado de las aucas —pliegos de aleluyas—, que fueron muy típicas en Valencia durante los siglos xvii, xviii y xix.

JD: En caso afirmativo, ¿cómo podríamos reconocer lo popular en tu trabajo?

VF: Por una parte me interesan los temas tradicionales; por otro el uso de determinadas técnicas gráficas. En muchos libros hemos utilizado imágenes realizadas mediante grabados en linóleo o madera, y es habitual el uso de dos colores como se estilaba en la imprenta clásica antes de que se extendieran las modernas máquinas de cuatricomía. Puedo citar como ejemplo las imágenes de Mariana Chiesa para el libro No hay tiempo para jugar. En este caso —y trato de que sea siempre así— el uso de la técnica no es caprichoso sino que viene determinado por el propio tema. Tampoco el empleo de las dos tintas es casual ni tiene que ver con un abaratamiento de los costes de producción del objeto libro: producir libros a dos tintas es tan caro hoy como hacerlo en cuatricomía, pero me interesa rescatar el trabajo de los artistas que hicieron libros en los años 20 y 30 y que produjeron grandes trabajos utilizando medios limitados. Casi siempre la constricción, la dificultad, se convierte en un aliado de la creación porque ayuda a liberar la imaginación.

JD: Si te digo «Portugal», ¿que símbolo viene a tu cabeza?

VF: Un diablo rojo. Es una escultura de barro policromado realizada por una artista del norte de Portugal que nos regaló nuestro amigo el diseñador Jorge Silva. No recuerdo el nombre de la artista, sólo que era una mujer muy mayor. Jorge era su principal coleccionista. El diablo está colocado en una repisa de la biblioteca que tengo justo a mis espaldas. Lo veo todo el tiempo. Me protege.

 
Tres estudiantes preguntan
08 de Octubre de 2015 | Lecturas
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Vicente por Sabat

Preguntas de Marta Cachinero. Barcelona, mayo 2015.

Marta Cachinero: Todo el mundo sabe que Media Vaca es un proyecto de vida. ¿Creéis que este propósito ha sido la llave para alcanzar el reconocimiento a nivel internacional que habéis tenido y tenéis? ¿Qué ha sido lo más importante para haber llegado tan lejos?

Vicente Ferrer: No estoy tan seguro de la gente sepa que la editorial es un proyecto de vida. Ni siquiera estoy seguro de que mucha gente, habiendo leído esa declaración nuestra, sepa qué quiere decir eso. En general (hablo muy en general), a la gente que se acerca a los libros les interesan cosas concretas: historias, personajes, opiniones, y no se fijan tanto en quiénes hacen los libros. A los medios de comunicación les gusta destacar a los autores (a los que a veces, por cierto, ponen por encima de sus obras), pero poca gente se interesa por los editores. Quiénes son y cuál es su participación en los libros es, para casi todo el mundo, un misterio.
Contestando a la pregunta, creo que cuando una editorial se convierte en un «proyecto de vida», se hace más necesario aún disfrutar con el trabajo, ya que son numerosos los obstáculos que hay que superar. Lo decía (cantando) el protagonista de La vida de Brian, atado a una cruz: «mira siempre el lado alegre de la vida». Aunque seguramente hace tiempo que nos habríamos hundido en el pantano si no nos hubiéramos autoimpuesto una determinación: la de no crecer y hacer únicamente tres libros por año, que son los que podemos hacer más o menos bien, o, como mínimo, con ciertas garantías.

MC: Todos los proyectos de Media Vaca tienen algo en común muy difícil de descifrar. Algo oculto que os hace diferentes y merecedores del éxito. ¿Cuál es el ingrediente esencial en vuestros libros?

VF: Todo lo que resulta oscuro o misterioso se podría aclarar muy rápidamente: bastaría con dedicar un poco de tiempo a hablar de ello. Los editores podríamos contar muchas cosas de los libros que hemos hecho y revelar detalles que seguramente agradecerían los lectores; pero, para que eso ocurra, es necesario que alguien formule las preguntas.
Ese ingrediente, si existe, sería la absoluta dedicación, que nace de un compromiso o una exigencia que podríamos llamar moral, y que trasciende a la comunidad de lectores, porque somos conscientes de que cuando hacemos libros estamos trabajando también para los lectores del futuro. No podemos competir con otras editoriales en el terreno de las ventas ni en el de la difusión, etc. Competimos contra nuestras propias limitaciones y nos miramos en empresas que, examinadas exclusivamente desde un punto de vista económico, sólo pueden ser consideradas como fracasos. Pero, claro, de algunos de esos «fracasos» habría muchas cosas que aprender.

MC: El hecho de llevar a cabo un proyecto editorial, desde su inicio hasta su producción, es una decisión muy importante. ¿Qué os lleva a seleccionar los libros para vuestras colecciones?

VF: Mucha gente ve a las editoriales, sobre todo, como un negocio, y resulta muy difícil explicar que se trata de un tipo de negocio bastante particular. Las editoriales que priman los criterios comerciales y los argumentos de novedad y de moda están en su derecho a hacerlo, pero no hay nada más alejado de nuestros planteamientos. En nuestro caso, son poquísimas las concesiones que hacemos al mercado: nuestro catálogo se va armando exclusivamente con nuestros intereses personales. Muchas veces, antes de saber qué es lo que nos interesa, sabemos qué es lo que no nos interesa: si descubrimos que una idea que nos gustaba ya ha sido bien resuelta por otro editor, decidimos que no hace falta repetir lo mismo. No tiene ningún sentido que todos hagamos libros idénticos o muy parecidos.

MC: Todas las fases de un proyecto editorial son importantes, pero ¿qué fase creéis que es crucial, o la más difícil? ¿A qué es debido?

VF: Cada fase tiene su intríngulis, por decirlo así. La primera fase, que sería la de decidir qué libro se hace, ya reúne bastantes dificultades. La segunda: cómo sería ese libro que se quiere hacer, es quizá la parte mejor y la que prefiero. El trabajo del editor debe ser resolver problemas, y en esta fase recibe uno un montón de problemas de golpe. Poner fin a un libro es a veces muy difícil. Hay libros que hemos tardado muchos años en hacer, y después de tantos años de mantener un agradable intercambio con los autores y colaboradores, se corre el riesgo de pensar que ya se ha obtenido suficiente felicidad y que la publicación no resulta necesaria. Obviamente, es un espejismo absurdo (los libros se hacen siempre para alguien más) y hay que saber reaccionar a tiempo.

MC: Tenéis una fabulosa lista de escritores e ilustradores. ¿Cómo llegan a vosotros? ¿Tratáis de buscar vuestros propios autores, o se presentan candidatos? ¿Cómo funcionáis en este sentido?

VF: La mayor parte de los escritores han llegado a nosotros, muchas veces, como autores de libros que hemos encontrado en librerías de viejo y bibliotecas. Los ilustradores, siempre por caminos más extraños: a través de su obra publicada en libros, pero también en revistas de historietas, en prensa, en carteles y programas de mano, en blogs, en galerías virtuales, etc., etc. Muchas personas nos hacen llegar muestras de sus trabajos: algunos llaman por teléfono para preguntar y otros se presentan directamente en nuestra casa (que es también nuestra oficina). Otros envían imágenes por Internet. (Para este último grupo, muy numeroso, escribí una entrada en nuestra página web que se puede leer en el siguiente enlace: http://www.mediavaca.com/index.php/es/miscelanea/noticias/255-preguntas-frecuentes. Algunos autores llegan de la mano de escritores o dibujantes a los que ya conocemos. Otros, que demuestran conocer bien nuestros libros, proponen proyectos muy razonables que a veces sentimos mucho tener que descartar. El perfil de los ilustradores es muy distinto y son variados los caminos.

MC: Defendéis mucho, y con muy buenas razones, los libros para niños. Afirmáis que los libros destinados a los lectores jóvenes deben cumplir exactamente las mismas exigencias que para los mayores. Desde vuestro punto de vista, respecto al mercado editorial, ¿creéis que el nivel de exigencia en las ediciones infantiles, actualmente, no es el mismo que para el público adulto? ¿Siempre ha sido así?

VF: Esa exigencia no se echa en falta sólo en los libros infantiles. El mundo no es muy amable con los niños. Hace cien años era peor, pero eso no es tranquilizador; y tampoco es mejor trato la sobreprotección, un fenómeno de nuestro tiempo. En ambos casos (abandono y sobreprotección) se hace patente la falta de respeto a unas personas que se encuentran en una fase de formación que es primordial. ¿Cómo vamos a explicarles que los libros merecen la pena cuando muchas personas mayores no tienen el menor trato con ellos? Hay más libros, sí, pero sigue habiendo muchos libros muy malos y muchísimos más que son muy mejorables. Por una parte, porque hay manías del comercio que es difícil cambiar. Por otra parte, porque no son muchos los editores que asuman ciertos riesgos (la producción de libros infantiles en España se sigue dirigiendo, sobre todo, a un público cautivo dentro del ámbito escolar). Por todo ello se puede decir que el número de libros interesantes que no existen es infinitamente superior al de los libros que existen, y además, lo que es bien triste, muchos de estos libros que efectivamente existen ni siquiera están al alcance de sus lectores.

MC: En los últimos años, la autopublicación y la autoedición están en auge. ¿A qué pensáis que es debido? ¿Creéis que estos proyectos pueden tener (o tienen) la misma proyección y el mismo reconocimiento que los proyectos editoriales?

VF: Se debe a que el mercado editorial es muy deficiente. En muchos sentidos, es realmente pésimo. Tiene que ver también con que no siempre coinciden los intereses de autores y editores. Diría que siempre es positivo que un autor conozca la otra cara de su trabajo: cuánto dinero cuesta producir los libros y cuánto tiempo y esfuerzo cuesta venderlos. Aunque es un trabajo distinto del suyo, que debería hacer quien se dedica principalmente a ello, no siempre es un problema ni un error ni una pérdida de tiempo asomar la cabeza a esa otra vida de los libros: lo que el autor-editor aprenda de esa experiencia puede ayudarle en su labor como creador o puede servirle para reorientar su carrera. Como se ha demostrado en muchos casos, un libro autopublicado puede tener tantas o más posibilidades de ser difundido con éxito que un libro de una editorial «consolidada».

MC: Media Vaca es una de las editoriales que más reconocimiento da a sus ilustradores. ¿Cuánta importancia creéis que se les da a los narradores visuales en la sociedad actual?

VF: Aparentemente, más que cuando nosotros empezamos, hace ya diecisiete años. Se ha multiplicado la oferta de libros ilustrados y ha aumentado la variedad de propuestas, lo que sólo puede ser recibido como una buena noticia. Sin embargo, siento que prima la cantidad sobre la calidad (y por calidad entiéndase lo que se quiera). El de ilustrador es un oficio mal remunerado que depende de un mercado precario donde abundan las tiradas muy cortas de productos de vida efímera que raramente se reimprimen o se exportan. Este mercado (que cuenta con muy pocos nombres de prestigio) no permite a los autores seleccionar sus proyectos y tampoco parece que los lectores vayan a ejercer una presión eficaz que promueva algún tipo de cambios: la mayoría se limita a consumir aquello que el mercado ofrece.

MC: Desde vuestro punto de vista, ¿todo libro puede ser ilustrado? ¿Por qué?

VF: En teoría, sí. Y seguramente de muchas formas diferentes. «¿Por qué?» (Esta pregunta es interesante). Porque alguien (un editor, un ilustrador, un promotor) ha pensado que era una buena idea. Ahora bien, ¿tiene algún interés que todos los libros sean ilustrados? ¿Qué es lo que ofrece de especial un libro ilustrado? Actualmente son pocos los ilustradores que se enfrentan a los textos como verdaderos narradores (es decir, actuando en el nivel de la lectura y del sentido) y que se plantean la forma más adecuada de contar alguna cosa o de expresar una idea. Muchos se limitan a aplicar una técnica y a repetir un estilo. Crean imágenes atractivas, que no son más que una música agradable. Siempre ilustran (en realidad, decoran) el mismo libro.

MC: ¿Quién encarga el proceso ilustrativo a un narrador gráfico? ¿En qué se basa esta decisión? ¿Algún proyecto editorial que se os ha presentado estaba ya ilustrado?

VF: Del encargo de ilustraciones y del seguimiento de este trabajo me ocupo yo (Vicente Ferrer), que realizo en la editorial las funciones de director de arte. La elección del ilustrador o la ilustradora viene determinada por sus trabajos previos. No sólo importa el currículum del ilustrador, sino su interés personal por el proyecto. Cada libro se inicia siempre sin una fecha de entrega cerrada y se va definiendo a través de conversaciones. En ocasiones algunos ilustradores han rechazado el trabajo que se les había propuesto porque no encontraron la forma de implicarse en él, por no conseguir llevarlo a su terreno o por falta de tiempo o por otras razones. Es fundamental poder conversar con los ilustradores para dar con el tono del libro. Algunos de los libros que hemos publicado llegaron ya a nuestras manos como libros ilustrados. Es el caso, por ejemplo, de No tinc paraules, Una temporada en Calcuta o El paseo de Buster Keaton.

MC: ¿Creéis que el trabajo del autor/escritor está igual de valorado que el del ilustrador?

VF: Con frecuencia se considera al escritor como el autor natural de una obra, pero cuando decimos escritor y autor estamos hablando de categorías diferentes. También el ilustrador es autor de la obra que incluye su trabajo. En cualquier caso, para responder a esta pregunta sólo hay que ir a una librería y preguntar por libros de los que solamente sabemos el nombre de su ilustrador.

MC: ¿Qué consejos daríais a quien quiere entrar profesionalmente en el mundo editorial?

VF: A los ilustradores les diría que no basta con adquirir un estilo propio o formarse en unas técnicas determinadas. Hay mucha información importante que hay que buscar en distintos lugares: en las librerías, en las bibliotecas, en las galerías de arte y en los museos. En encuentros y ferias especializadas. En Internet, claro (pero no tan claro), y, naturalmente, también en la calle (es decir, fuera del estudio). Esa labor de investigación hay que considerarla como parte del trabajo y hay que dedicarle tiempo. Luego (y a la vez), hay que encontrar un espacio donde poder trabajar a gusto. Luego, hay que vencer nuestra natural timidez (o refrenar nuestra natural intrepidez) para dar a conocer nuestro trabajo a aquellas personas que creamos que mejor van a poder valorarlo. Luego, si no hay respuesta inmediata, no debemos desanimarnos: hay que insistir, insistir, insistir.

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Preguntas de Susana Ramírez. Lima, junio 2015.

Susana Ramírez: Media Vaca cuenta ya con una larga trayectoria, ¿qué crees que habéis aportado y aportáis al mundo del libro a diferencia de otras editoriales?

Vicente Ferrer: (Bien empezamos. Es la primera pregunta y no sé qué contestar). Me parece que para poder aportar algo, el proyecto debería ser más conocido. Es estupendo comprobar que hay gente que conoce algunos de nuestros libros, pero no hay que confundir un libro con una editorial. Desde el principio nuestro propósito fue crear una biblioteca, y en eso estamos. (Lo que llamamos biblioteca es un proyecto que ahora mismo me costaría definir, pero que abarca algo más que una suma de libros). El mundo del libro tiene una historia que ya es larga, y que a casi nadie importa, que se va haciendo con los esfuerzos anónimos de muchas personas que no son sólo los autores que figuran en las cubiertas. De todos esos esfuerzos, ¿qué quedará? Es difícil saberlo.

SR: ¿Qué elementos piensas que debe reunir una obra para convertirse en un libro de Media Vaca?

VF: La mayor parte de los libros que hemos publicado son proyectos propios que responden a nuestros intereses personales. Generalmente, somos nosotros quienes proponemos un encargo a los autores, aunque no siempre es así. También recibimos propuestas de todo tipo a través de los caminos más dispares. Puedo decir que sabemos cuando algo nos interesa mucho (tanto como para dedicarle una parte importante de nuestro tiempo y considerables esfuerzos) cuando unos días después, a veces varios años después, aquello que leímos o que vimos nos sigue martilleando en la cabeza.

SR: ¿Cuáles crees que son los principales problemas u obstáculos a los que te enfrentas como editor actualmente?

VF: Como les ocurre a la mayor parte de los editores, supongo, los problemas a los que nos enfrentamos están relacionados con el tiempo y el espacio. Por desgracia, el enfoque está bastante alejado de la filosofía que trata esas importantes cuestiones. Por una parte, nos falta tiempo para hacer los libros a nuestro gusto. Por otra parte, tenemos un almacén saturado: los libros, que entran de dos mil en dos mil, salen en cambio de uno en uno. También nos falta tiempo para contestar a las personas que se dirigen a nosotros. Sería preciso hacer una pausa en la producción

probable es que no haya personal para ofrecer una respuesta. a la primera. Es importante saber que la falta de respuesta pporeón ón para dedicarnos a la promoción y venta de los libros, y, quizá, para reorientar nuestro proyecto. Nos gustaría poder conversar con los lectores y libreros, a los que apenas conocemos y con quienes nos relacionamos casi exclusivamente a través de los libros.

SR: Desde que comenzasteis con Media Vaca hasta ahora, ¿cómo crees que ha cambiado el sector editorial y, en concreto, la edición de LIJ?

VF: Diría que hoy hay más variedad. Aunque quizá, bien mirado, esa variedad no sea tan significativa, porque muchos catálogos parecen intercambiables. También hay más autores que se autoeditan, lo que no dice nada precisamente a favor de la pujanza del sector sino de su debilidad.

SR: Cada semana las librerías acogen decenas de novedades editoriales y resulta un hecho manifiesto que la oferta editorial supera la demanda lectora. ¿Crees que puede existir algún tipo de solución a la sobreproducción editorial existente?

VF: En otras áreas de actividad se han implantado métodos para evitar la sobreproducción, pero ninguno de esos métodos parece aplicable a un sector como este, tan especial en tantos sentidos. Se me ocurre que una forma de racionalizar la producción pasaría por pensar dos veces cada decisión que se toma. Hay muchos automatismos y no siempre nos cuestionamos todo lo que se hace. Así, pensando pensando, quizá lleguemos a la conclusión de que basar el comercio de los libros en el reclamo de la novedad es algo completamente absurdo. Por otra parte, aunque resulte paradójico, también a los editores nos hace falta tiempo para leer. A todos nos vendría bien viajar más y ver otras cosas, y vivir una temporada fuera de los libros.

SR: ¿Cómo ves el futuro de la edición de LIJ en España?

VF: No soy pitoniso, pero me parece que si los jóvenes hacen lo mismo que los viejos y repiten sus errores, el futuro será lo que ya conocemos.

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Preguntas de Daniela Alcalde. Lima, junio 2015.

Daniela Alcalde: Según sabemos por la web y por otras entrevistas, Media Vaca es un proyecto muy personal cuyas publicaciones responden principalmente a tus intereses, a ese ideal de «hacer los libros que no existen». ¿Cuál ha sido la clave que les ha permitido posicionarse en un mercado editorial muchas veces direccionado por cuestiones comerciales?

Vicente Ferrer: En mi opinión, para conseguir mantenernos como editores ha sido fundamental la decisión de no crecer y publicar únicamente tres libros al año. Somos conscientes de nuestras limitaciones y no nos ha parecido una buena idea forzar ese ritmo.

DA: Luego de la experiencia con El alma se serena, ¿han considerado la posibilidad de publicar una obra de teatro para niños? Es un género poco desarrollado en la LIJ. ¿Qué opinas sobre ello?

VF: Ese libro es muchas cosas a la vez, y también es un experimento. No hay muchas experiencias de ilustrar libros de teatro, fuera de las fotos de la puesta en escena. Antes hicimos El paseo de Buster Keaton, de Lorca, con ilustraciones y diseño de Manuel Flores, aunque tampoco está destinado a los niños. Durante la Segunda República hubo en España un gran interés por el teatro, al que se dio una gran difusión y la consideración de arte revolucionario y verdaderamente popular. Deberíamos recuperar muchas cosas de esa época: al menos, la frescura y el espíritu lúdico, y el respeto con que se trataron las creaciones para los lectores más jóvenes. Hicieron teatro para niños (y libros de teatro), Antoniorrobles, Manuel Abril y Salvador Bartolozzi y Magda Donato, entre otros. Es cierto que hay todo un campo por explorar: algunos diálogos de Tono y Mihura, que merecen ser más conocidos, darían maravillosos libros de teatro para niños

DA: Tras 17 años editando en Media Vaca, ¿ha cambiado tu concepción sobre el rol del editor?

VF: La verdad es que no. Siempre he pensado que hay muchas clases de editores, y eso es lo que voy viendo. Tengo la sensación, sí, de que la mayor parte de los nuevos editores, que suelen formarse con los editores grandes, adquieren de estos, de la manera más natural, argumentos y comportamientos que les animan a desarrollar una vocación de «grandes». Personalmente, echo de menos espacios de discusión sobre la labor editorial en los medios de comunicación y, en general, en la vida diaria, fuera de los lugares establecidos por las ferias comerciales.

DA: Sin duda la labor del editor es apasionante y conocer el trabajo de editoriales como Media Vaca resulta motivador. ¿Qué les aconsejarías a las personas interesadas en editar por primera vez?

VF: Lo primero, que consideren seriamente la publicación. No todo lo que se escribe o se dibuja tiene necesariamente que ponerse en un libro. Hay cosas que cuando se convierten en libros pierden su frescura y se estropean. Si después de pensarlo mucho, uno acaba convencido de que lo mejor es hacer un libro, pues adelante: hagamos todo lo necesario para que salga de la mejor manera. En primer lugar, convendría llevar a cabo una pequeña investigación sobre el lugar adecuado para publicar y sobre las condiciones en que la edición debe realizarse. Esa pequeña investigación es un trabajo muy serio que a veces lleva tanto tiempo y esfuerzo como la obra que hemos inventado. No hay que rendirse a la primera. Es importante saber que la falta de respuesta por parte de una editorial no implica necesariamente un no: lo más probable es que no haya personal para ofrecer una respuesta. Cuando nada ocurre, hay que insistir, y, al mismo tiempo, seguir buscando. Y si nos gusta escribir, y si nos gusta dibujar, no debemos desanimarnos ni dejar de seguir trabajando.


imagen: Vicente Ferrer por Hermenegildo Sábat (dibujo realizado en una servilleta de papel en una cafetería de Valencia).

 
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