En Córdoba, Argentina
11 de Marzo de 2017 | Lecturas
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Vicente Ferrer y Begoña Lobo, creadores del sello español Media Vaca, dictarán un seminario gratuito en Córdoba. La editorial es una perla de la edición independiente. Publica solo tres libros por año, poniendo énfasis en la ilustración y el arte gráfico. En su catálogo hay autores argentinos como Isol y Diego Bianki.

Una editorial puede ser una máquina de hacer sueños. Así conciben su trabajo Begoña Lobo y Vicente Ferrer, las dos mitades que componen Media Vaca, un sello radicado en Valencia que se caracteriza por los diseños exquisitos y las apuestas arriesgadas.

Desde 1998, Media Vaca se dedica «a inventar libros muy ilustrados dirigidos a lectores de todas las edades». Lo de muy ilustrados va en serio. El catálogo de la editorial, que actualmente supera los 60 títulos repartidos en seis colecciones, responde a un tipo de capricho basado en el deleite visual y el cuidado del arte gráfico. Cada obra es un verdadero tesoro.

«El humor, la poesía y el misterio que animan las variadas manifestaciones de la cultura popular» son los estandartes de Media Vaca, una perla de la edición independiente que mantiene firme su «voluntad de no crecer como una manera de asegurar el cuidado de cada proyecto».

Ambos editores estarán en Córdoba en febrero. Los días 8 y 9, Vicente Ferrer dictará un seminario gratuito titulado «Media vaca: vida pública de una editorial secreta». El encuentro es organizado por la Agencia Córdoba Cultura, con la colaboración del Cedilij, y tendrá como sede el Museo Evita.

Probar cosas nuevas

Experimentar, tomar los riesgos muchas veces asociados a las apuestas de las artes visuales y ejercitar el capricho son características de la editorial. ¿Qué otros rasgos son decisivos para describir a Media Vaca?
—En mi opinión, la experimentación, el gusto por probar nuevas cosas, debería ser consustancial a todos los proyectos editoriales. Lamentablemente, esto no es así porque una mayoría antepone los aspectos comerciales a los creativos y, también, porque no se suele tener en cuenta que el de editor es un oficio que arrastra una larga historia: hay libros desde hace rato, y a veces conviene mirar hacia atrás para rescatar algunos inventos valiosos. Si nosotros podemos dedicarnos a la experimentación (digámoslo así) es porque sólo publicamos tres libros por año. Tenemos claras nuestras limitaciones, y es firme nuestra voluntad de no crecer, como una manera de asegurar el cuidado de cada proyecto. Además de buscar nuestra propia satisfacción, somos conscientes de que tenemos un compromiso con los autores y con los lectores.

En la página web del sello se lee: «Hay libros que parecen considerar a los niños seres muy elementales que en lugar de cerebro tienen una especie de tubérculo que hay que regar de vez en cuando para que aumente de tamaño. Esa creencia seguramente es la que impulsa a autores y editores a hacer libros idiotas que ningún adulto leería jamás». ¿Cuáles son las estrategias para hacer otro tipo de libros?
—Resulta que los libros «idiotas» también son necesarios. Lo importante, seguramente, es que la idiotez de todos los libros no sea del mismo estilo. En el mundo de los libros, es fundamental que haya variedad de propuestas, que no se siga un único modelo. De esta forma, los lectores podrán escoger. Y habrá quien escoja libros idiotas y a pesar de todo, además de distraerse y de informarse, mejor o peor, adquiera cierto espíritu crítico. De lo que se trata es de que los libros idiotas no nos hagan idiotas.

 

¿El capricho y el gusto personal están reñidos con los resultados comerciales?
—No lo creo. Empezamos haciendo tiradas de 3.000 ejemplares, lo que es una cantidad apreciable, y ahora producimos una media de 2.000 ejemplares de cada título. Los libros se venden, y cuando se agotan los reimprimimos. No todos se venden por igual. Algunos tardan años, incluso, en llegar a ser conocidos. Como ocurre en todas partes, unos libros que se venden mejor ayudan a publicar otros que a priori son más arriesgados. Por lo demás, nadie que se dedique a este negocio puede aspirar a tener un gran éxito que le reporte mucho dinero (aunque siempre hay excepciones, claro). En cualquier caso, lo nuestro es más bien la pesca con caña, no la piscifactoría.

La cultura digital, las redes sociales, la omnipresencia de las pantallas son factores que, piensan algunos, estarían alejando a grandes y chicos de las lecturas literarias y del contacto con «artefactos» como los libros. ¿Qué desafíos enfrentan en ese panorama?
—Hasta el momento, no hemos tenido experiencias con los libros electrónicos; sólo uno de nuestros libros, el Robinson Crusoe de Ajubel, tiene una versión digital, pero se trata de un proyecto personal del propio autor. Pienso que el papel y las nuevas tecnologías pueden convivir perfectamente. Los libros en papel han demostrado ser un gran invento y algunas obras, como podemos comprobar, duran mucho más tiempo del que podíamos imaginarnos. En realidad, mi preocupación como editor se centra casi absolutamente en los contenidos, y los soportes no dejan de ser algo secundario. Estoy convencido de que los libros que hacemos podrían traducirse perfectamente a las nuevas tecnologías pero, sinceramente, es un trabajo que hay que hacer muy bien y todavía no hemos encontrado el tiempo necesario para pensar en ello.

¿Qué vinculo tienen con autores argentinos?
—Repasando el catálogo de la editorial, es fácil encontrar un buen número de autores argentinos, tanto ilustradores como escritores. Algunos aparecen con sus nombres en la cubierta: Isol, Mariana Chiesa, Diego Bianki, Marco Denevi; otros, muchos más, participan en obras colectivas: Baldomero y César Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Laura Yasán, Washington Cucurto o Raúl González Tuñón, por ejemplo, entre los escritores y poetas. Entre los dibujantes, Carlos y Lucas Nine, Hermenegildo Sábat, Sergio Langer, Ral Veroni, Silvia Lenardón, Max Cachimba y un largo etcétera. Hay presencias argentinas menos evidentes: el libro Retratos furtivos, de Luis Seoane, pudo realizarse gracias a las ediciones encontradas en la Argentina; Ramón Gómez de la Serna, el autor de las greguerías, vivió largo tiempo en Buenos Aires, ciudad de la que son vecinos sus herederos. No quiero dejar de citar a tres escritores que han realizado contribuciones muy importantes. Álvaro Abós, Carlos Vitale y Andrés Ehrenhaus firman las traducciones de los libros Pelo de Zanahoria, Cartas a Aldo Buzzi y A través del espejo, espléndidos trabajos. (Por cierto, un altísimo porcentaje de las traducciones en español que leemos se deben a escritores argentinos).

¿Hay un libro, entre los que editó Media Vaca, que pueda resumir la felicidad, una especie de sueño cumplido?
—No sé si hay un libro que pueda servir como resumen. Estoy especialmente contento por haber podido sacar adelante el libro Mis primeras 80.000 palabras, un diccionario de palabras favoritas en el que participan 333 ilustradores (bastantes de ellos, argentinos). No fue fácil hacer un libro así, pagando a todos los colaboradores y enviándoles ejemplares de la obra, como corresponde, y, considerando el proyecto retrospectivamente, me parece una inversión de energías y de tiempo que ahora mismo no sería capaz de repetir. Diría que mi mayor satisfacción es ver cómo, en general, el plan de la editorial se va cumpliendo y cómo proyectos que parecían irrealizables son hoy finalmente libros que uno puede meter en un sobre y enviar al destinatario que lo espera.

Dijo mu

Por lo visto, el nombre de la editorial es un secreto bien guardado que no están dispuestos a revelar. La pregunta podría ser, entonces: ¿qué pasó con la otra mitad de la vaca?
—Eso digo yo: ¿qué ha pasado con la otra mitad? Un día, Begoña y yo nos despertamos y éramos editores, y teníamos a ese raro animal como mascota. Como somos de gustos sencillos, encontramos que media vaca es más manejable que un unicornio alado atravesando un aro de fuego, e incluso más manejable que una vaquita entera, que no te cabe en ninguna parte.

¿Con qué expectativas llegan a Córdoba?
—Tenemos muchas ganas de realizar el viaje. Daremos dos conferencias en el Museo Evita, explicando nuestro trabajo de 20 años con los libros. La idea es encontrarnos con lectores y amigos y poder conversar sobre literatura, sobre ilustración, sobre libros, lo que siempre es un placer. Recibimos a menudo comunicaciones y proyectos provenientes de la Argentina y este año nos hemos planteado visitar algunos lugares donde viven nuestros lectores, y dedicar tiempo a hablar de libros en directo. Tocar el papel, dar la mano a personas con carne y hueso.

Seminario gratuito en el Museo Evita
El editor Vicente Ferrer dictará los días 8 y 9 de febrero el seminario «Media vaca: vida pública de una editorial secreta». Los encuentros se realizarán de 17 a 20 en el Museo Evita (Hipólito Irigoyen 511).

Demian Orosz: «Media Vaca: la máquina de hacer sueños. Los editores de Media Vaca visitarán nuestra ciudad», La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 3 de febrero de 2017.

[Fotografía: A salvo de la lluvia en la sede de CEDILIJ, Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil].