Grandes rutas PPD
20 de Septiembre de 2014 | Lecturas
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Hace bastantes años, cuando acudía a encuentros internacionales y algún colega periodista me preguntaba en qué consistía eso de la pelota postal descascarillable, la verdad es que no sabía cómo empezar una explicación. Opté por memorizar una respuesta de tipo catecismo que al menos me permitiera salir del paso: «La pelota postal descascarillable es un sistema de correo postal mediante pelotas que son impulsadas a base de patadas por toda la cadena de personas anónimas que encuentren dicha pelota en su camino. La persona chutadora leerá previamente la dirección impresa en la superficie exterior de la misma y orientará su patada para encaminar la pelota hacia su destino. Así, si en la pelota pone «África», la chutará en dirección a África. Ya en África, el primer descubridor de la pelota destapará la cascarilla exterior y dejará a la vista una segunda, en la que pondrá, por ejemplo, «Senegal», y chutará hacia Senegal. Una vez en Senegal, alguien la descubrirá y abrirá la siguiente cascarilla, donde pondrá, por ejemplo «Dakar», y chutará hacia Dakar. Y así sucesivamente, hasta encontrar la calle, el número y el destinatario particular del mensaje contenido en la última cascarilla de la pelota».

Hoy, por supuesto, no es necesario dar todas estas explicaciones. El invento es sobradamente conocido. Gracias a ello he podido dedicarme en los últimos años a escribir relatos de viajes siguiendo los itinerarios recorridos por algunas de las pelotas puestas en circulación desde lugares remotos del mundo. Quiero reseñar brevemente el recorrido trazado por una pelota postal que ha acabado convirtiéndose en la protagonista de mi último libro, Grandes rutas PPD.

(Quienes lo deseen pueden seguir el recorrido de la pelota en el mapa que se ha repartido a la entrada).

En Mudgegonga, Australia, la simpática pareja formada por Gordon y Joana Reece franquean una PPD con destino a Marta, su querida amiga residente en Xàbia, España. Chutan la Pelota en dirección a Europa las veinte veces que permite el Reglamento (1) y va a parar a un campo de vacas cercano. 

Gary Blewitt, un granjero del vecindario, la chuta fuera de su campo y cae dentro de un hoyo, donde permanece oculta durante varios meses.

Luego, uno que pasa haciendo jogging la chuta y aterriza en la parte de atrás de un camión que transporta troncos al molino de papel de Albury. Los trabajadores del molino se turnan dándole patadas hasta que rueda sobre la pista del aeropuerto de Albury.

Un mozo de equipajes la chuta a bordo de un pequeño aeroplano Flying Doctor que se dirige a realizar su servicio de atención médica en regiones despobladas. Los aborígenes, sin comprender su significado, la guardan como un objeto temible durante dos años.

Finalmente es chutada de nuevo por otro médico visitante y cae dentro de la bolsa de un canguro, que la transporta hasta las cercanías de Alice Springs (2), donde el animal es abatido por un empresario dedicado al comercio de carne de canguro, que se lo lleva de vuelta a Darwin (3).

Desde allí la pelota es chutada a bordo de un crucero de lujo que está recorriendo el sureste asiático.

Una patada la saca en Pattaya (4) y otra la mete en un burdel donde, ignorantes de su cometido postal, la usan como disco ball durante seis meses.

Un marine americano la detecta y la chuta a bordo de su acorazado, que finalmente se pone en marcha hacia Umm Qasr en el sur de Iraq (5). Allí la cuela en un Humvee que poco más tarde resulta alcanzado por la explosión de un artefacto casero.

Rebeldes suníes se dedican a chutar la pelota durante todo el camino a través de la provincia de Anbar y la llevan hasta Jordania, donde va a caer en el Mar Muerto y llega hasta Israel flotando. La policía militar israelí la va chutando en un juego cerrado que la demora en su territorio más de un año. Al fin, un grupo de periodistas consiguen impulsarla fuera del país y va a caer en un campo de refugiados (6).

Los niños palestinos la chutan por el campo, pero no puede ir más allá debido al inmenso muro que los israelíes han construido alrededor. Hasta que alguien la chuta dentro del equipaje de Eulalia Paz, una cooperante española que está a punto de regresar a Madrid. Pero el avión tiene que aterrizar en Nápoles debido a una amenaza de bomba que resulta ser falsa (7). Por estar en el territorio que indica su cutícula, la PPD es descascarillada.

Desde el aeropuerto es chutada hasta el puerto, donde embarca en dirección a Cerdeña y luego hasta Marsella.

Ya en territorio más propicio, atraviesa la frontera por Port Bou (8), donde es otra vez sometida al descascarillado, y siguiendo la autopista de peaje AP-7, entra en la Comunidad Valenciana (9) para ser descascarillada por penúltima vez, llegando a su ciudad de destino, donde será pelada y chutada hasta parar en las manos de Marta en Xàbia, que la recibe después de cinco años de viaje (10).

¡Tras recibir miles de patadas, la PPD ha llegado a su destino!

[Ponencia leída por el periodista Arsenio Navarro, autor del libro Grandes rutas PPD, durante el I Congreso Mundial de la Sociedad de Amigos y Difusores de la Pelota Postal Descascarillable, celebrado en el Jardín Botánico de Valencia el 19/09/2014].