Carta a la alcaldesa de Vuitonia
19 de November de 2012 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Barber2

Acabo de cumplir cincuenta años y, después de hacerme un reconocimiento médico exhaustivo, puedo decir que mi salud física es excepcional. Hasta mi médico de cabecera me ha dado un abrazo para felicitarme por lo que considera un milagro bioquímico. Lo inédito del caso es que no me cuido lo más mínimo: para que se hagan una idea, les diré que desde que tengo uso de razón siempre que voy a un restaurante, antes de pedir la carta, exijo que me traigan un salero. Creo que sería muy feliz probando cualquier sopa cocinada con las salobres aguas del mar Muerto. He fumado toda mi vida como un carretero, no son pocas las veces que he ingresado en urgencias del Clínico por algún que otro coma etílico. Duermo con calcetines de lana en verano y con los pies desnudos y al aire en invierno. Nunca le hago ascos a las drogas a las que me invitan mis viejos compañeros de farra y correrías. Y desde que esta ciudad se ha convertido en la cuna de espantosos eventos deportivos, el único ejercicio físico que practico es la cetrería sin ventura con mi periquito. Y a pesar de todo, mi corazón está tan sano como el de un cervatillo y mi hígado fresco como el de un ternero alimentado en los pastos alpinos.

Pero a pesar de que mi salud física es envidiable, mi salud mental es deplorable. En estos últimos meses he caído presa de un estado melancólico terrible; estoy tan perdido que no sé si asomarme a la ventana de la galería interior, donde sólo vislumbro las regiones inhumanas de mí mismo, o mirar por la ventana que da a las calles de esta ciudad enferma por una epidemia frenopática evangelizada por la horchata transgénica y esas nubes cancerígenas resultantes de la combustión fallera del polietileno expandido. Y pienso si este amargo desconsuelo no será porque yo también he sido un actor más de este vodevil deplorable en el que me forré construyendo nichos para vivos y alcázares de yeso pulido para muertos. Yo también he lucido moreno verde oliva, vestido trajes de Armani, calzado zapatillas de Loewe y clavado mis dentelladas en las escabrosas ubres de esta arcadia del despilfarro y de los caciques del ladrillo a pie de playa. Excelentísima señora alcaldesa, la invito a ser sodomizada por cada una de las gárgolas de nuestro gótico civil ¡Ay, Valencia mía!, ¿por qué has hipnotizado a los pobres de corazón con todos esos grandes eventos y luego los obligas a despertarse en fiestas de espuma?

Que levanten la mano quienes quieran condenar a nuestra televisión pública a 30.000 horas de cartas de ajuste. ¿De verdad hay que pagar esos sueldazos a esos mayoristas de la estupidez con dinero público? ¿Hasta cuándo vamos a seguir aupando a estos gobernantes que parecen sacados de una mezcla de auto sacramental y de la peor película del destape? Mis muy honorables, tramiten ya una instancia para que podamos celebrar una exposición universal para el 2050 con el tema único de las aguas fecales. Consejeros, no quiero vuestros consejos. No seré yo el que suba a las peanas del prepago para ver desfilar la papada papista del Santo Pontífice. La fórmula de la atrocidad: velocidad igual a espacio urbanizable dividido por tiempo de gobierno. La Fórmula 1 es cantar de otros cantares. ¡Vicario lúgubre, quédate a la luna de Valencia con tu priapismo saturniano! ¡Madona, no nos traigas tu metadona! Mercadona, Mercadona, prefiero el suicidio moral a empadronarme a ciegas en tus ensanches.

Grao

Texto: Carta al director —firmada por el personaje Grao— que forma parte de la obra El alma se serena, de Lluïsa Cunillé y Paco Zarzoso [colección Grandes y pequeños].

Imagen: Las hermanas Gilda, de Vázquez: Hermenegilda con el pelo de Leovigilda.

 
 
El Diccionario ilustrado del Siglo XXI
27 de September de 2012 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

siglo_XXIEl CEIP Siglo XXI de Las Rozas, en Madrid, ha publicado el Diccionario ilustrado del Siglo XXI, realizado por las niñas y niños del colegio. El proyecto es una iniciativa de la Asociación de Madres y Padres en el que ha participado toda la comunidad educativa. Dicen, y así lo hacen constar en el propio libro, que está inspirado en el diccionario Mis primeras 80.000 palabras de Media Vaca, lo que nos llena de alegría. Es, sin ninguna duda, un grandísimo honor.

El Diccionario se abre con un prólogo de Isaac Rosa donde el escritor agradece a todas las niñas y niños poder disponer de un libro como este, «un diccionario salvaje con el que desde ahora podré pasar unas buenas tardes salvajes». Para Isaac Rosa, un diccionario salvaje es un diccionario sin domesticar. Para Claudia Vivero, de 4º de primaria (citada por el prologuista), Salvaje es también una persona a la que le gusta trepar, correr por todas partes, etc.

En su texto de introducción, los responsables de la Ampa se declaran muy orgullosos de este diccionario: «Demuestra, una vez más, de lo que es capaz la escuela pública. Nos sentimos afortunados de contar con un equipo directivo, un profesorado y unas familias comprometidas e implicadas. Y nos sentimos especialmente afortunados de la diversidad de niños y niñas que asisten a nuestra escuela. Esa es también nuestra gran riqueza».

Tal como se hizo en Mis primeras 80.000 palabras, los coordinadores del diccionario pidieron a los participantes que pensaran en su palabra favorita y que realizaran un dibujo que sirviera para representarla. También había que escribir una explicación para cada palabra; en este caso, una definición personal no sacada de ningún libro. Cada estudiante de primaria ha escogido su palabra y hay una palabra por cada clase de la etapa infantil. Todo el trabajo se llevó a cabo en las aulas. Veamos algunos ejemplos.

Béisbol pie: El béisbol pie consiste en que el pitcher tire la pelota. Si da una vuelta es jonrón y si le pillan entre dos bases está totalmente eliminado. [Álex Botín, 3º primaria A.]

Caballo: Es un animal que se usa para hacer carreras, pasear, divertirse y muchas cosas más. Se comunica a través de «¡hiii, hii!». Así es como se comunica este tipo de animal llamado caballo. [Narjis Alakhbaze, 3º primaria B.]

Corazón: Está dentro del cuerpo. Es rojo, suena «pup, pup». Cuando estoy nerviosa, va rápido. [Yelissa Santana, 1º primaria A.]

Empatía: Es una persona que se pone en el lugar de otro y tiene un sentimiento parecido al de esa otra persona. [Alvin Obispo, 6º primaria.]

Guachafita: Significa ir de fiesta o ir de broma, por ejemplo, cuando alguien te dice «Vamos a una guachafita» o «Vamos de guachafita». Es una palabra colombiana, aquí en España no se suele utilizar. [Santiago Escobar, 6º primaria.]

Mamá: Es una persona que me prepara la comida, me baña, me saca de paseo y me da abracitos. [Mª del Carmen Peña, 1º primaria B.]

Paz: Paz es una palabra hermosa. Tener paz significa que no hay guerra. [Estefanía Martí, 4º primaria.]

Pereza: Costumbre de algunas personas, que se manifiesta cuando hay alguna situación de coger o levantarse cuando hay que hacer algo. [Alejandro Escobar, 6º primaria.]

Gráficamente, el libro está muy bien resuelto. Se percibe en las imágenes cierta influencia de Saul Steinberg, Paul Klee, Jean Dubuffet, Jirí Salamoun y otros grandes maestros, aunque es posible que los jóvenes alumnos del colegio Siglo XXI no hayan oído hablar nunca de estos artistas. Al tiempo. Este precioso libro —y este más precioso proyecto colectivo— permite mantener vivas todas las esperanzas.

Vicente Ferrer

Diccionario ilustrado del Siglo XXI, Realizado por las niñas y los niños del colegio Siglo XXI. Prólogo de Isaac Rosa. Proyecto: Asociación de Madres y Padres del CEIP Siglo XXI, en colaboración con el colegio. Diseño y maquetación: ES ediciones. Primera edición: abril 2012.

 
El Persa
20 de June de 2012 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Persa.2El Persa (Pepe Cardona) ha muerto hace unas horas. Ha muerto Pepe Cardona pero no El Persa. El Persa sigue y va a seguir con nosotros. Está en sus libros y en sus dibujos, en sus recortables y en sus pinturas. En sus historias que contaba en cierto modo como Joyce escribía en las tabernas, a perder. Y podía perder no sólo sus papeles sino incluso las palabras. Sin embargo, cuando ahora cierro los ojos, veo aquellos papeles que El Persa olvidaba, y oigo sus palabras a las que apenas él prestaba atención. Y, por supuesto, ninguna importancia.
Todo eso que no existe nos lo ha dejado. Quienes fuimos sus amigos lo sabemos. Lo que deja tras de sí un ser humano excepcional es lo que no se ve: no es una obra escrita o pintada —esto además— es bastante más que eso: es todo aquello que sabemos que pudo hacer y en cierto modo hizo, aunque sin hacerlo. 
Ver a un amigo que sufre y se resiste a morir porque no cree que su hora llegó, y no lo cree porque no hay hora aceptable para ninguna muerte, ver a este amigo sufrir de ese modo sin poder hacer gran cosa a pesar de todas las ayudas médicas, es tremendo y es indignante. Y El Persa era consciente de su situación y de la situación —y del dolor— de quienes como su mujer y su hija lo cuidaron y lo quisieron al máximo. Me consta cuánto pensaba en ellas, y cuánto las amaba.
A mí, personalmente, me dio ejemplo de dignidad que era la prolongación natural de su dignidad sostenida a lo largo de toda su vida. La parte de vida que pude ver no tuvo que contármela. La que no vi, puesto que no lo conocía ni en su infancia ni en su juventud sino bastante más tarde, esa parte que no vi, la iba contando a trozos sin darle importancia, sin quejas, sin envidias o rencores. Incluso con alegría. El Persa era un niño muy alegre.
Cuando un hombre no envidia y  no guarda rencor sino que mira adelante y trata de hacerte siempre pasar un buen rato, no quieres dejar de ser su amigo. Necesitas esa amistad y hasta deseas largarte antes que él de este mundo para tener cerca al amigo hasta el final. Puro egoísmo, lo sé; pero si lo expreso de esta forma es para repetirme que siento su muerte no sólo como una desgracia para todos, sino también como una pérdida personal de alguien capaz de hacerte más soportable lo que a todos nos parecerá insoportable: morir sin esa mirada de comprensión y de apoyo.
Días atrás, cuando todavía aunque con mucho esfuerzo, podía incorporarse, me abrazó con una fuerza que ya no tenía a las puertas de su casa. Este fue, pensé al despedirme, su adiós: porque él sabía que no íbamos a vernos nunca más.
Cuando recibí esta mañana la noticia, cerré los ojos: El Persa aún estaba abrazándome. No había dejado de hacerlo desde aquel último abrazo, cuando pronunció mi nombre dos o tres veces, y lo miré al rostro, y advertí que había lágrimas en sus ojos.

Ignacio Carrión

«Un hombre que ha muerto pero no va a morir»; publicado en «Escritura interior» el 19/06/2012; http://www.ignaciocarrion.com/

Imagen: autorretrato de El Persa; febrero de 2009.

 
Premio a Benvinguts al Cabanyal
09 de June de 2012 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

SALVADOS

Queridos amigos y amigas del Libro de Arte (así, con mayúsculas), tenemos una buena noticia que daros: el libro Benvinguts al Cabanyal, editado por Media Vaca, ha recibido el tercer premio en la categoría «Libros de Arte» dentro de los Premios a los Libros Mejor Editados en 2011, convocados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Según la nota de prensa emitida por el Ministerio, este año se han valorado 251 obras en total dentro de cinco grupos temáticos. En el de Libro de Arte, el primer premio ha sido para el libro Grabadores Extranjeros en la Corte Española del Barroco, de Javier Blas, María Cruz de Carlos y José Manuel Matilla, y el segundo para La habitación imaginaria, de Juan Eduardo Cirlot. El tercer premio obtenido por Benvinguts al Cabanyal nos ha proporcionado una gran alegría y hemos sentido la tentación de salir de casa corriendo para pregonar a los cuatro vientos tan acertado fallo. El Barroco, ¡qué gran época para ser grabador extranjero!; Cirlot, ¡qué gran poeta y crítico de arte!; El Cabanyal, ¡qué gran lugar para vivir una vida artística y alegre! Hemos llegado a poner un pie en la calle (nuestra casa está en el centro de Valencia) y, por suerte, hemos caído pronto en la cuenta de que estamos rodeados de vecinos implicados en tramas corruptas campando a sus anchas; que nuestros libros prácticamente no se venden en esta ciudad; y, también, que las últimas veces que hemos ganado algún premio, casi nadie atendió nuestros comunicados de prensa.

En este caso, la ocasión merecía el esfuerzo, así que hemos vuelto a subir a casa para redactar una breve nota.

Read more...
 
¡Ay, Valencia mía!
22 de February de 2012 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

 

GraoTres cartas de don Leonardo Perales, espectador

Estimados lectores, las tres cartas que leerán a continuación son un fragmento de la extraordinaria vida de don Leonardo Perales Grau. Lo conocí durante la representación de El alma se serena en El Cabanyal. Yo estaba realizando un reportaje y le pregunté qué le había parecido la obra. Cuatro horas más tarde seguíamos acodados sobre la barra de una vieja tasca del barrio. A partir de ese momento establecimos una fluida relación epistolar. Los hechos que aquí se narran, de sobra conocidos por ustedes, parecerían sacados de la obra objeto de este libro si no fuera porque los diarios han dado fe de su crudeza. Unos acontecimientos vergonzosos que nos hacen suspirar: «¡Ay, Valencia mía!». [Sergi Tarín]

.......................................................................................................................................................

El Cabanyal, 15 de diciembre de 2011
Amigo Sergi, no sé si usted me recordará. ¿La Aldeana? ¿Aquel vino que salía a chorros por unos toneles que eran como ubres gigantescas? ¿El Cabanyal? Desde hace semanas deseo enviarle estas letras que, como comprobará, carecen de todo mérito. Sólo quería señalar mi perplejidad, mi deslumbramiento por lo de aquellas ocho tardes de la plaza Lorenzo de la Flor. ¿Fue telepatía? ¿Un hurto de la memoria para ponerla sobre la madera, sobre las tablas?
¿Cómo podría explicarle el escalofrío que me provocaron Carmen, Malvarrosa y Grau? Con un doble añadido en este último caso. ¿Sabía usted que también publiqué articulillos en Las Provincias? Fue cuando don Martí Domínguez convirtió aquella redacción en refugio de literatos. Le hablo de los años cincuenta, de aquella Valencia tan de toquilla, rosario y bigotes sin antídoto de sosa cáustica. Y en segundo lugar, porque yo también soy Grau de segundo apellido. Sí, señor. Algo que llevo como un dolor, como una infamia. Otro Grau, ese lacayo consistorial con mirada hueca de remero de la laguna Estigia, en fin, ese forúnculo a salvo del bisturí de la democracia, es al parecer un pariente.
Pero apartemos a un lado las ramas podridas del árbol genealógico. Le hablaba de la identificación con aquella obra y sus personajes. El alma se serena. ¡Cómo olvidarla! Fui a la primera representación y repetí las siete siguientes. He leído algunas críticas, ¿sabe usted? Que si melodrama, que si realismo mágico, que si cabaret político… ¡Paparruchadas! ¡Esto es puro costumbrismo! ¡Naturalismo de pelo áspero, heredero de la prosa blasquista —la de don Vicente— más desgarradora! Se lo decía yo a uno de sus autores, el señor Zarzoso, a quien se le saltaban la lágrimas en aquella mesa gala de La Aldeana acompañado por tantísima gente que mantenía viva la obra con todos sus comentarios y paralelismos.
El señor Zarzoso decía que aquello era como una liturgia, que los bancos de La Estrella, con su público apelotonado, eran la viva imagen de una comunión laica, popular y ciudadana. ¡Cuánta razón! El Cabanyal es una gran familia, ¿sabe? Una familia perseguida, maltratada y expoliada. Sobre esto le podría llenar yo los veinte tomos de una enciclopedia. Nací aquí, en la calle San Pedro. Mi casa fue una barraca. Mi abuelo aún vivió bajo techo de paja. Después levantó estas paredes, plantó los tabiques, edificó los tres pisos y decoró la fachada con azulejos azules y blancos, los colores de su barca, La caucasiana. Aquel nombre siempre fue un misterio que se llevó a la tumba. Las malas lenguas viboreaban sobre una cabaretera mofletuda y pelirroja muy popular en las tascas portuarias de principios del siglo pasado. Las mozas le tenían mucha tirria y como no sabían pronunciar el nombre de su ciudad de origen, Tbilisi, la llamaban «la sífilis».
En fin, intrahistoria de arrabal. En todo caso quería decirle que soy testigo de la degradación de este viejo pueblo marinero. Ambos hemos envejecido prematuramente y ambos apenas nos mantenemos ya sobre nuestros huesos. ¡Pobre Cabanyal! ¡Tan lejos de Dios y tan cerca del ayuntamiento! Duele caminar por sus calles de animal machacado, con las casas cerradas desangrándose en un goteo de escombros. «¡Duermen entre las matas!», se llevaba el otro día los dedos al pecho, como si se hurgara el corazón, la tía Ludigis. Se refería a las tres familias rumanas que viven en mitad de un corral vallado, entre hierbajos del tamaño de espigas de trigo. La policía los desalojó de una casa en ruinas y tiró a la basura sus carros llenos de trastos dejándolos a la intemperie. «Los niños pasan la noche llorando y la pena no me deja dormir», relataba la tía Ludigis, y se santiguaba continuamente en un acto reflejo de gitana devota.
Read more...
 
<< Start < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Next > End >>

Page 9 of 16