Diumenges al matí
04 de October de 2013 | Lecturas
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Robinson Llaut okPublicado en el número 37-38 de la revista El Llaüt de Xàbia (1998).

 
El Persa y el mundo del futuro
03 de May de 2013 | Lecturas
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Carpep

Bien pronto aprendí cuál es el destino final de los libros, y, por extensión, de todas las cosas. Mi padre tenía una pastelería en Valencia y un horno moruno donde, además de cocerse exquisitos dulces, ardían las más selectas bibliotecas del barrio. Era la posguerra y la gente tenía miedo de las más absurdas represalias que, también absurdamente, no dejaban de producirse. Verne, Reclús, Blasco Ibáñez, Unamuno, Bartolozzi, compartían llamas con otros autores que no recuerdo y con la pinocha, que nos llegaba en sacos que guardaban la fragancia del bosque. Para mí era un extraño maridaje ese de Pinocho (el de Bartolozzi) con la pinocha. Mi tío Colás, cuya biblioteca se libró del fuego escondida en el pueblo, y el señor Vicente, que tenía una paradita de compra-cambio-venta de novelas y tebeos al lado mismo de la pastelería, lloraban como si de seres humanos se tratara, a aquellos libros que se convertían en humo y cenizas y que —de alguna manera misteriosa— quedaban también impregnados en los palos catalanes, el hojaldre, las empanadillas, las savarinas, el panquemao, las tartas. Desde entonces he profesado un amor indiferenciado a esas tres cosas tan efímeras y permanentes a la vez: el fuego, los libros, los dulces.

Pero, con todo, no me faltó qué leer en mi infancia. Además de los libros escolares, los Reyes Magos siempre se acordaban de mi afición, mi tío Colás me facilitaba ejemplares repetidos de su biblioteca y el señor Vicente me permitía leer cualquiera de los que descansaban en el escaparate o el mostrador de su negocio. No era capaz todavía de establecer diferencias entre un tebeo, una novela barata o un libro serio (afortunadamente no he cambiado mucho en eso: leía, y leo, cualquier cosa que cae al alcance de mis ojos). Pero ni el señor Vicente ni mi tío fueron capaces de explicarme de una manera que yo pudiera entender cómo se hacían los libros. Cómo se plasmaban en el papel aquellas letras tan bien trazadas, los dibujos inefables, a veces con preciosos colores. Trataba de establecer comparaciones entre el oficio de mi padre y el de las imprentas o editoriales y durante un tiempo llegué a pensar que cada ejemplar estaba dibujado y escrito a mano, por un artista que manejaba sus útiles con la misma destreza que mi padre los suyos. Un artista al que no le importaba repetir un montón de veces la misma obra, fuera un milhojas o un tebeo del FBI. Sí que me percaté de que gozaban de mayor reputación los libros que los pasteles: los libros eran reverenciados por los curas y maestros del colegio, en los libros se nos decía que hay que amar a los libros, mi tío contaba cómo fue de grandioso el entierro de Blasco Ibáñez, lo que la humanidad le debía al señor Gutenberg, cosas así. Pero nadie decía cosas parecidas de los pasteles, ni del oficio de hacerlos, ni de Brillat-Savarin; sólo que si comíamos muchos dulces se nos iban a caer los dientes y nos nacerían lombrices en las tripas. Así que escogí hacer libros en vez de pasteles. Y, demasiado tarde lo he descubierto, me equivoqué.

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Tertulia
08 de January de 2013 | Lecturas
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Almada—¿Ilustrar?

—Tiene que ver con las ideas.

—No debe confundirse con la palabra dibujo.

—Un dibujante no es necesariamente un ilustrador. Un ilustrador no siempre utiliza el dibujo en su trabajo.

—Puede usar la fotografía, el collage, la escultura, la tipografía.

—El ilustrador es un narrador. Lo importante es que cuenta cosas.

—No es una cuestión de habilidad manual.

—¿Fue Steinberg el que dijo que el ilustrador es un escritor que escribe con imágenes?

—¿Steinberg?

—Rumano. Estudió arquitectura en Milán. Cuando llegó a Nueva York no hablaba inglés. Dice que aprendió gracias a los carteles de publicidad y los letreros luminosos.

—Ah, la publicidad callejera es la mejor cartilla escolar.

—Steinberg hizo muchas portadas para el New Yorker. Algunas muy famosas.

—Yo no lo veo exactamente como un ilustrador: sus dibujos se exhiben en museos y galerías. Un ilustrador raramente expone su trabajo: sus originales tienen como finalidad la reproducción por medios mecánicos.

—Tal vez una cosa no quita la otra. Hay originales que son obras muy bellas. Si no hay más exposiciones es porque el papel tiene una vida muy corta y el mercado del arte y los coleccionistas prefieren inversiones más duraderas.

—Particularmente, prefiero un libro. En cualquier caso, el ilustrador parte de una idea literaria previa o un texto.

Ilustrar quiere decir iluminar, ofrecer luz sobre una cosa. La ilustración gráfica ayuda a la comprensión de un texto, favorece su lectura.

—Para mí, la ilustración funciona precisamente cuando sugiere distintas lecturas.

—De la misma manera que ocurre con un texto: no tiene por qué ser evidente. Es fundamental preservar cierto misterio.

—Que no quede todo dicho.

—El lector también debe participar.

—A mí me resulta penoso, en muchos libros infantiles, ver cómo el ilustrador no hace sino repetir lo que dice el texto, sin aportar su propia visión. El ilustrador es también autor, y muchas veces él mismo se olvida. Como autor tiene una responsabilidad con sus lectores.

—Es verdad. El escritor dice, por ejemplo: «A Luisa le regalaron un libro maravilloso y pasó con él una tarde divertidísima». Y la imagen que el ilustrador propone es una niña sentada en un sillón con un libro entre las manos.

—Sí, ver a cualquiera sentado en un sillón no tiene nada de maravilloso. Y menos sujetando un pesado libro. ¡Aunque se ría!

—El placer de la lectura difícilmente se puede representar con un libro. Un libro es como un ladrillo. Lo interesante no es el aspecto del libro, sino lo que ocurre en nuestra cabeza.

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Carta a la alcaldesa de Vuitonia
19 de November de 2012 | Lecturas
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Barber2

Acabo de cumplir cincuenta años y, después de hacerme un reconocimiento médico exhaustivo, puedo decir que mi salud física es excepcional. Hasta mi médico de cabecera me ha dado un abrazo para felicitarme por lo que considera un milagro bioquímico. Lo inédito del caso es que no me cuido lo más mínimo: para que se hagan una idea, les diré que desde que tengo uso de razón siempre que voy a un restaurante, antes de pedir la carta, exijo que me traigan un salero. Creo que sería muy feliz probando cualquier sopa cocinada con las salobres aguas del mar Muerto. He fumado toda mi vida como un carretero, no son pocas las veces que he ingresado en urgencias del Clínico por algún que otro coma etílico. Duermo con calcetines de lana en verano y con los pies desnudos y al aire en invierno. Nunca le hago ascos a las drogas a las que me invitan mis viejos compañeros de farra y correrías. Y desde que esta ciudad se ha convertido en la cuna de espantosos eventos deportivos, el único ejercicio físico que practico es la cetrería sin ventura con mi periquito. Y a pesar de todo, mi corazón está tan sano como el de un cervatillo y mi hígado fresco como el de un ternero alimentado en los pastos alpinos.

Pero a pesar de que mi salud física es envidiable, mi salud mental es deplorable. En estos últimos meses he caído presa de un estado melancólico terrible; estoy tan perdido que no sé si asomarme a la ventana de la galería interior, donde sólo vislumbro las regiones inhumanas de mí mismo, o mirar por la ventana que da a las calles de esta ciudad enferma por una epidemia frenopática evangelizada por la horchata transgénica y esas nubes cancerígenas resultantes de la combustión fallera del polietileno expandido. Y pienso si este amargo desconsuelo no será porque yo también he sido un actor más de este vodevil deplorable en el que me forré construyendo nichos para vivos y alcázares de yeso pulido para muertos. Yo también he lucido moreno verde oliva, vestido trajes de Armani, calzado zapatillas de Loewe y clavado mis dentelladas en las escabrosas ubres de esta arcadia del despilfarro y de los caciques del ladrillo a pie de playa. Excelentísima señora alcaldesa, la invito a ser sodomizada por cada una de las gárgolas de nuestro gótico civil ¡Ay, Valencia mía!, ¿por qué has hipnotizado a los pobres de corazón con todos esos grandes eventos y luego los obligas a despertarse en fiestas de espuma?

Que levanten la mano quienes quieran condenar a nuestra televisión pública a 30.000 horas de cartas de ajuste. ¿De verdad hay que pagar esos sueldazos a esos mayoristas de la estupidez con dinero público? ¿Hasta cuándo vamos a seguir aupando a estos gobernantes que parecen sacados de una mezcla de auto sacramental y de la peor película del destape? Mis muy honorables, tramiten ya una instancia para que podamos celebrar una exposición universal para el 2050 con el tema único de las aguas fecales. Consejeros, no quiero vuestros consejos. No seré yo el que suba a las peanas del prepago para ver desfilar la papada papista del Santo Pontífice. La fórmula de la atrocidad: velocidad igual a espacio urbanizable dividido por tiempo de gobierno. La Fórmula 1 es cantar de otros cantares. ¡Vicario lúgubre, quédate a la luna de Valencia con tu priapismo saturniano! ¡Madona, no nos traigas tu metadona! Mercadona, Mercadona, prefiero el suicidio moral a empadronarme a ciegas en tus ensanches.

Grao

Texto: Carta al director —firmada por el personaje Grao— que forma parte de la obra El alma se serena, de Lluïsa Cunillé y Paco Zarzoso [colección Grandes y pequeños].

Imagen: Las hermanas Gilda, de Vázquez: Hermenegilda con el pelo de Leovigilda.

 
 
El Diccionario ilustrado del Siglo XXI
27 de September de 2012 | Lecturas
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siglo_XXIEl CEIP Siglo XXI de Las Rozas, en Madrid, ha publicado el Diccionario ilustrado del Siglo XXI, realizado por las niñas y niños del colegio. El proyecto es una iniciativa de la Asociación de Madres y Padres en el que ha participado toda la comunidad educativa. Dicen, y así lo hacen constar en el propio libro, que está inspirado en el diccionario Mis primeras 80.000 palabras de Media Vaca, lo que nos llena de alegría. Es, sin ninguna duda, un grandísimo honor.

El Diccionario se abre con un prólogo de Isaac Rosa donde el escritor agradece a todas las niñas y niños poder disponer de un libro como este, «un diccionario salvaje con el que desde ahora podré pasar unas buenas tardes salvajes». Para Isaac Rosa, un diccionario salvaje es un diccionario sin domesticar. Para Claudia Vivero, de 4º de primaria (citada por el prologuista), Salvaje es también una persona a la que le gusta trepar, correr por todas partes, etc.

En su texto de introducción, los responsables de la Ampa se declaran muy orgullosos de este diccionario: «Demuestra, una vez más, de lo que es capaz la escuela pública. Nos sentimos afortunados de contar con un equipo directivo, un profesorado y unas familias comprometidas e implicadas. Y nos sentimos especialmente afortunados de la diversidad de niños y niñas que asisten a nuestra escuela. Esa es también nuestra gran riqueza».

Tal como se hizo en Mis primeras 80.000 palabras, los coordinadores del diccionario pidieron a los participantes que pensaran en su palabra favorita y que realizaran un dibujo que sirviera para representarla. También había que escribir una explicación para cada palabra; en este caso, una definición personal no sacada de ningún libro. Cada estudiante de primaria ha escogido su palabra y hay una palabra por cada clase de la etapa infantil. Todo el trabajo se llevó a cabo en las aulas. Veamos algunos ejemplos.

Béisbol pie: El béisbol pie consiste en que el pitcher tire la pelota. Si da una vuelta es jonrón y si le pillan entre dos bases está totalmente eliminado. [Álex Botín, 3º primaria A.]

Caballo: Es un animal que se usa para hacer carreras, pasear, divertirse y muchas cosas más. Se comunica a través de «¡hiii, hii!». Así es como se comunica este tipo de animal llamado caballo. [Narjis Alakhbaze, 3º primaria B.]

Corazón: Está dentro del cuerpo. Es rojo, suena «pup, pup». Cuando estoy nerviosa, va rápido. [Yelissa Santana, 1º primaria A.]

Empatía: Es una persona que se pone en el lugar de otro y tiene un sentimiento parecido al de esa otra persona. [Alvin Obispo, 6º primaria.]

Guachafita: Significa ir de fiesta o ir de broma, por ejemplo, cuando alguien te dice «Vamos a una guachafita» o «Vamos de guachafita». Es una palabra colombiana, aquí en España no se suele utilizar. [Santiago Escobar, 6º primaria.]

Mamá: Es una persona que me prepara la comida, me baña, me saca de paseo y me da abracitos. [Mª del Carmen Peña, 1º primaria B.]

Paz: Paz es una palabra hermosa. Tener paz significa que no hay guerra. [Estefanía Martí, 4º primaria.]

Pereza: Costumbre de algunas personas, que se manifiesta cuando hay alguna situación de coger o levantarse cuando hay que hacer algo. [Alejandro Escobar, 6º primaria.]

Gráficamente, el libro está muy bien resuelto. Se percibe en las imágenes cierta influencia de Saul Steinberg, Paul Klee, Jean Dubuffet, Jirí Salamoun y otros grandes maestros, aunque es posible que los jóvenes alumnos del colegio Siglo XXI no hayan oído hablar nunca de estos artistas. Al tiempo. Este precioso libro —y este más precioso proyecto colectivo— permite mantener vivas todas las esperanzas.

Vicente Ferrer

Diccionario ilustrado del Siglo XXI, Realizado por las niñas y los niños del colegio Siglo XXI. Prólogo de Isaac Rosa. Proyecto: Asociación de Madres y Padres del CEIP Siglo XXI, en colaboración con el colegio. Diseño y maquetación: ES ediciones. Primera edición: abril 2012.

 
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