Feliz 2017
20 de December de 2016 | Lecturas
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¡Feliz 2017!

¡Que todos
tus sueños
se cumplan!

Te desean, cordialmente, los editores de Media Vaca.

 

[Imagen: «Insomniaque», de Vincent Sardon. Ilustración perteneciente al libro Mis primeras 80.000 palabras ].

 
Varios premios
02 de November de 2016 | Lecturas
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Queridos amigos y amigas, nos alegra compartir con vosotros la estupenda noticia de estos tres premios recientemente recibidos.

Joan Fernández Negrescolor ha obtenido el Premi Junceda d'Il·lustració de 2016, en la categoría Divulgació i Ciència, por el libro Hay clases sociales, publicado por Media Vaca. La ceremonia de entrega de la 14ª edición de los Premios Junceda tuvo lugar el 24 de mayo en el Centre d’Arts Santa Mònica de Barcelona.

El jurado, formado por ilustradores profesionales, ganadores de ediciones anteriores, y personalidades del mundo de la comunicación visual, razonó así su decisión «Per la capacitat de síntesi, l’equilibri cromàtic exquisit i per un sentit de l'humor aplicat en la seva justa mesura».

Mikel Casal ha obtenido el Premio Euskadi de Ilustración 2016, por el libro Así es la dictadura, publicado por Media Vaca. El acto de entrega de los Premios de Literatura de Euskadi 2016 se celebrará el próximo 17 de noviembre en el Museo San Telmo de San Sebastián.

«El jurado destaca el aprovechamiento que Mikel Casal realiza de su capacidad divulgadora como autor de prensa y la adecuación de su propio bagaje de recursos expresivos al formato de álbum para la infancia. Con gran economía de medios gráficos, concentra la narración en soluciones humorísticas y guiños al joven lector implicando en ello una visión propia en la que el tema histórico-político se conecta hábilmente con una lectura del panorama actual. Las ilustraciones, además, rinden cuenta de la época en la que el texto fue concebido situándose en la herencia gráfica de los 70».

Por último, Media Vaca ha obtenido el Premio Gràffica 2016. El acto de entrega tendrárecientemente recibidos.osotros lass y personalidades del mundo de mayo en el cetendrá lugar el 25 de noviembre en el TEA Tenerife Espacio de las Artes de Tenerife.

«El jurado ha decidido que Media Vaca merece un Premio Gràffica porque hay multitud de editores pero ninguno son como Vicente Ferrer y Begoña Lobo. Porque su labor constituye una apuesta por la recuperación de relevantes textos que permanecían en el olvido dotándolos de una reinterpretación gráfica. Por llevar a cabo traducciones y obras originales que difícilmente serían publicadas por otras editoriales. Por dar salida a obras colectivas experimentales en las que su editor, Vicente Ferrer, imprime una unidad temática y conceptual».

 
La ausencia de Lluís Cerveró
01 de September de 2016 | Lecturas
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Conocimos a Lluís Cerveró en el año 2000. Él y Adelina nos abrieron la puerta de su casa modernista en El Cabanyal y pudimos contemplar los collages originales de Josep Renau colgados en su pasillo, la mejor sala de exposiciones imaginable. Una casa que explica su amor por los libros, los viajes, el arte y los tebeos. Todas las personas que hayan tenido la suerte de visitarla en alguna de las ediciones de Portes Obertes recordarán su hospitalidad exquisita, la claridad de sus explicaciones sobre la lucha por la defensa del barrio y, siempre, su sentido del humor. La mirada de Lluís y su sonrisa no se olvidan. Por eso, esperábamos la siguiente convocatoria de Portes Obertes para volver de visita, hasta que acabamos involucrándonos en la lucha de los vecinos del Cabanyal; ser parte de su resistencia nos permitió reconciliarnos con la ciudad en la que vivimos. En 2011 empezamos a trabajar en lo que finalmente sería Benvinguts al Cabanyal, un libro que recoge la memoria de este querido pueblo, convertido en barrio de Valencia. Lluís fue un informante irreemplazable: armadores de barcos con afán de aventura, maestros republicanos protagonistas de sellos de correos, doctores eminentes en universidades americanas, canciones infantiles imposibles de olvidar[1]. Conocimos, a través de sus relatos, la historia de su familia y la de sus vecinos. Pediatra en el Peset, aprovechó su jubilación para conciliar medicina, llengua y literatura: tuvimos la suerte de escuchar su sabia y divertida conferencia en el Octubre Centre de Cultura Contemporània sobre las enfermedades en El Tirant. Todos estos años buscábamos a Lluís para conocer su criterio, siempre elegante, discreto, conciliador y firme. Las deliciosas cenas en su casa se alargaban horas y horas: podíamos conversar sobre cine, arte, política o viajes. Dedicó mucho tiempo al excelente trabajo de documentación y escritura de El Cabanyal, per Exemple (1998-2013) Crònica de quinze anys de resistencia, manual de resistencia cívica.

Y aunque su ausencia nos duela tanto, nada de sufrir: nos lo pide Adelina, con la complicidad de Pablo Neruda y de Gene Kelly.


Begoña Lobo


[Lluís Cerveró ha fallecido en Valencia el 30 de agosto de 2016. La fotografía la tomó, en 2013, Sergi Tarín].

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«Soneto XCIV», Cien sonetos de amor (Pablo Neruda)

Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío,
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca de guitarra.

No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.

Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los cuadros en el aire.

Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.

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Singing in the Rain (Gene Kelly)

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[1] Nadala para la noche de Reyes. Cada verso lo inicia una sola persona y todos los demás corean el final.

A los Reyes,
Xiques i velles
I casades
I donzelles.

La xica de Roc
Té unes mamelles
Com a plats de foc
I uns mugrons
Com a cigrons.

Senyor Rei, jo estic ací,
vinguen casques per a mi.
Senyor Rei, jo estic allà,
vinguen casques per ençà.
 
Diego Bianki
11 de August de 2016 | Lecturas
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Conocí a Diego Bianki a mediados de los años noventa. No recuerdo qué fue lo que me había llevado hasta Buenos Aires, pero el caso es que tenía unos días por delante y tiempo para dar paseos. Una noche me encaminé a una galería del barrio de Recoleta donde se inauguraba una exposición de la Comuna del Lápiz Japonés, y por suerte conseguí encontrar el lugar a pesar de la fuerte lluvia. El Lápiz Japonés era bastante más que una revista de cómics: era una revista de «Arte + Qomix». Había tomado prestado el formato de la revista Raw, que dirigían en Nueva York Françoise Mouly y Art Spiegelman, y era una publicación excelente que probablemente superaba a su modelo en más de un sentido. Detrás de ella, era evidente que había un equipo muy preparado, pensando, organizando y diseñando. A pesar de ser un producto genuino de la ciudad de Buenos Aires —una gran urbe situada en la periferia de los centros culturales—, El Lápiz Japonés era un proyecto independiente con la ambición de competir en un mundo sin fronteras. Diego Bianki asumía principalmente las tareas de edición y coordinación, junto con Sergio Langer, y firmaba asimismo diversas colaboraciones.

Diego me contó que su padre había trabajado en una tipografía. Desde niño le era familiar el mundo de las imprentas y su particular vocabulario. Curiosamente, esa circunstancia era compartida por otros miembros de la Comuna del Lápiz Japonés, que, además de ocuparse de esta publicación, multiplicaban sus actividades a través de grupos organizados de manera cooperativa, siempre alrededor del arte y de la gráfica, en distintos escenarios de la ciudad. Para satisfacer un anhelo personal y, quizá, como homenaje implícito a su padre, Diego diseñó un periódico que apareció un único día y que, como cualquier otro periódico, fue distribuido por repartidores de prensa y exhibido en puestos de venta de toda la ciudad. Sin embargo, y a diferencia de cualquier otro periódico, el diario de Bianki no era el producto de un periodista, ni siquiera el de un publicista, sino el de un artista visual. Quienes lo veían de lejos, prendido en el alambre de un kiosco, podían tomarlo fácilmente por un periódico normal, pero al acercarse descubrían que el texto a dos y tres columnas no era más que una falsa escritura; y las ilustraciones, manchas y trazos de tinta que representaban a unos simpáticos cronopios, felices por formar parte de ese juego. El único anuncio real —y legible— del diario era el de una plomería, aunque no pondría la mano en el fuego porque alguien humano fuera a contestar en ese teléfono.

Recuerdo especialmente este trabajo de Bianki porque en ese momento estaba planeando la posibilidad de crear una editorial dedicada a los libros infantiles y relacioné esta «experiencia gráfica» (como Diego la había llamado) con algunos proyectos de artistas de las vanguardias históricas de principios del s. XX que por entonces me atraían particularmente: cartelistas, muralistas, pintores, ilustradores de prensa, que, con la misma exigencia y planteamientos con que habían afrontado su obra «seria», habían realizado libros, muebles, objetos de diseño e incluso juguetes para niños. Tras estudiar la obra de estos autores (Lébedev, El Lissitzky, Munari, Torres-García, entre otros), mi idea era hacer libros en complicidad con una serie de ilustradores que no estuvieran encasillados en la ilustración de libros infantiles, es decir, que no aceptaran tácitamente los numerosos supuestos didácticos, educativos y psicológicos, y las improntas comerciales, que tan habituales son en este tipo de libros. Diego compartía esa misma inquietud, como se puede comprobar revisando el catálogo de la editorial Pequeño Editor, fundada por él y por Ruth Kaufman en 2003. Pequeño Editor ha abierto sus puertas a artistas gráficos con procedencias muy diversas, desde el cómic hasta el libro de artista, con una mirada más libre y desprejuiciada sobre las obras destinadas a los lectores más jóvenes.

Si un editor de libros infantiles ha de ser una persona informada y con opinión sobre autores y tendencias artísticas, y alguien receptivo a lo nuevo, ¿qué cualidades deberían adornar al ilustrador de libros infantiles? Seguramente son más, pero hoy —acabo de decidirlo— van a ser cinco. Coinciden exactamente con los cinco puntos que he escogido para referirme a la labor como ilustrador de Diego Bianki.

UNO. En primer lugar, y al igual que el editor, el ilustrador debería disponer de información y documentación sobre autores clásicos y contemporáneos, y en especial sobre aquellos que han proyectado sus creaciones sobre esos curiosos objetos que llamamos libros. Cuando le preguntaban al dibujante y artista Saul Steinberg por sus influencias, contestaba que sus influencias abarcaban toda la historia del arte; es decir, todo el arte egipcio y, también, los artísticos envoltorios para chocolatinas del siglo XIX. Después de tantos siglos de creaciones, alguien podría decir que el espacio para la originalidad es reducido, pero los logros de los buenos autores de cualquier época, anónimos o conocidos, pueden y deben ser recogidos y ampliados por quienes les han sucedido en el tiempo. Resulta evidente que a Diego Bianki no le son ajenos los collages de Kurt Schwitters, hechos con humildes billetes de tranvía y etiquetas levantadas del suelo. Tampoco los juguetes de Joaquín Torres-García, que están, por ejemplo, detrás de su libro Rompecabezas.

DOS. El ilustrador de obras infantiles debe tener el gusto por la experimentación. Según el escritor Bernardo Atxaga, el ilustrador de libros infantiles constituye un paradigma del artista libre, entregado al juego. Como autor, es uno de los que goza de mayor libertad a la hora de realizar su trabajo. Ni el escritor, generalmente muy presionado por un círculo de críticos y editores (y por su club de lectores), ni los propios editores, sometidos a las reglas de un mercado sumamente rígido, disponen de semejante margen de actuación. Esa libertad para inventar mundos con sentido y con belleza desde el papel en blanco, debe ser aprovechada por el ilustrador. Sin embargo, no todos los ilustradores se sienten cómodos experimentando: de manera consciente o inconsciente, muchos reducen su actividad a la imitación y repetición de fórmulas de éxito. Entre quienes experimentan, tampoco son tantos los que consiguen logros destacables. En mi opinión, Bianki es uno de ellos. Candombe es fruto de una investigación sobre el folclore afroamericano el Río de la Plata; Con la cabeza en las nubes es un proyecto lúdico sobre esas figuras fantasmales que recorren los cielos, donde se juega a buscarles el parecido.

TRES. Para poder desarrollar las capacidades del medio, es necesario que el ilustrador esté familiarizado con los procedimientos técnicos que permiten la producción del libro ilustrado. El ilustrador no es un artista que vende sus obras en una galería: el objeto de su arte es un libro impreso. Debe conocer bien los procesos industriales: sólo así podrá resolver los problemas que se le planteen, y establecer a su vez nuevos problemas que habrán de ser resueltos por otros. Cuando uno se sitúa frente a la obra de Diego Bianki, reconoce que ha trabajado cerca de las imprentas y que domina las artes del oficio.

CUATRO. Es fundamental cultivar el trato con personas jóvenes, y con aquellas personas no tan jóvenes que siguen manteniendo eso que llamamos un espíritu joven (y que muchos jóvenes, precisamente, no tienen). Bianki, no sólo sabe construir artefactos con eficacia, sino que sabe desmontarlos; y realiza talleres donde se fabrican libros vivos, libros hechos entre todos. El ilustrador que hace periódicos ilegibles, enseña a leer imágenes. Despliega una intensa actividad como tallerista, y suele trabajar con niños —también de zonas rurales— en la fabricación de libros. A través de estos talleres, el ilustrador hace libros que son juguetes y produce collages donde se mezclan todas las artes; aprende a conocer a sus lectores, que no son solamente niños y que no son ni tan siquiera lectores (es decir, todavía no saben que lo son), les introduce en las técnicas manuales y les enseña, por ejemplo, la importancia del reciclaje.

CINCO. Al ilustrador de obras infantiles de poco le servirán los experimentos, la investigación y el estudio sobre autores del pasado y del presente, el conocimiento de las limitaciones de los medios técnicos (o el vértigo ante sus infinitas posibilidades), y el contacto con lectores y con especialistas de diversos lugares del mundo, si no muestra coherencia y fidelidad a unos intereses propios y sabe hacer emerger en su obra un mundo personal y reconocible. Solamente los ilustradores que cumplen esta última condición pueden llamarse con propiedad autores. Diego Bianki lo es, como demuestra claramente el hecho de que todos sus libros estén reunidos en un mismo lugar de mi biblioteca. Todos están, además, a una altura accesible, lo que también debe de querer decir algo.

Después de seguir su obra durante bastante tiempo y de encontrarnos en numerosas ocasiones, resolví encargarle un libro. El encargo se hizo efectivo más o menos en el año 2001, poco antes de que Pequeño Editor comenzara su exitosa andadura. En esa época, Diego vivía en Colonia del Sacramento, Uruguay, y viajaba semanalmente a Buenos Aires, donde colaboraba con el suplemento cultural del diario Clarín. Me enseñó unos cuadernitos de pequeño tamaño, pero muy voluminosos, en los que dibujaba, pegaba papeles y manipulaba una gran variedad de materiales impresos. Esos cuadernitos, que hacía exclusivamente para él, por el placer de experimentar, y que utilizaba como un banco de pruebas, fueron el punto de partida del proyecto que nos ha tenido ocupados a ambos durante bastante tiempo: un libro que, tras sufrir sucesivas transformaciones, ha visto la luz en 2014, después de más de diez años. Empezó siendo una versión ilustrada de ciertos pasajes del Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, y ha acabado convirtiéndose en un diario muy personal sobre la ciudad de Buenos Aires. Según Diego, también es un libro que habla de la basura, y que, probablemente, servirá para explicar a los lectores más jóvenes el significado del concepto «basura cero». También es, claro está, un libro de poesía. En todo este tiempo transcurrido, mientras el libro se iba haciendo en la cabeza de su autor y sus materiales iban ganando terreno dentro de su estudio (y muy pronto en cada una de las piezas de la casa), el autor y el editor hemos envejecido, como la pequeña Zazie, la heroína de la novela de Raymond Queneau; Pequeño Editor ha ido creciendo hasta formar un catálogo que sobrepasa el de Media Vaca (lo que tampoco era difícil), y Diego Bianki ha conseguido que sus lectores esperemos con desvelo su último proyecto gráfico.

Vicente Ferrer
Editor de Media Vaca

[Texto escrito para acompañar a la nominación de Diego Bianki al Premio Andersen de Ilustración 2016].
 
Por qué no participamos en la Feria del Libro de Madrid
08 de June de 2016 | Lecturas
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Azaña en Feria del Libro

Este año se nos ocurrió que podía ser una buena idea participar en la Feria del Libro de Madrid y, como deseábamos hacerlo con una caseta propia, escribimos la siguiente carta a los organizadores.

Valencia, 23 de marzo de 2016.

Estimados señores, les escribo para hacerles una consulta relacionada con la Feria del Libro de Madrid.

Este año hemos decidido hacer una parada en la producción de libros para dedicarnos a promocionar y vender el fondo editorial, y para pensar en nuevos proyectos. Aprovechando que acaban de concedernos el Primer Premio de No Ficción de la Feria de Bolonia (a la colección Libros para Mañana), habíamos pensado que nos gustaría poder alquilar una caseta en la Feria del Libro de Madrid para reunir a los autores de los libros premiados y realizar alguna presentación coincidiendo con esas fechas. Nuestro deseo es, también, convocar a otros autores y dar a conocer un catálogo de libros que muy poca gente ha visto completo.

Hemos participado en la Feria una única vez, hace ya bastantes años, compartiendo caseta con otra editorial de Zaragoza, Libros del Innombrable, con la que tenemos un autor en común, buen amigo de las dos partes. Aunque la experiencia resultó grata, en esta ocasión desearíamos disponer de un espacio propio, en exclusiva, para poder utilizar el nombre «Media Vaca». Otros años nuestros libros han estado a la venta en algunas librerías que disponen de nuestro fondo, y en otras a las que excepcionalmente hemos facilitado depósitos, pero nos da mucha pena que en Bolonia, en Frankfurt o en Guadalajara podamos ser «Media Vaca» y en Madrid tengamos que ir de la mano de una librería sin poder usar nuestro nombre.

Conocemos el reglamento de la Feria y sabemos que para poder alquilar una caseta un editor debe acreditar un catálogo con un número mínimo de referencias vivas. Este año ese número es de 141 títulos. Nosotros no cumplimos ese requisito, y me temo que no lo cumpliremos nunca. Aunque llevamos dieciocho años como editores, publicamos solamente tres títulos nuevos por año; hasta 2045 no podríamos ser expositores de pleno derecho. (Los editores tendremos entonces 82 años cada uno y no estoy muy seguro de que conservemos las fuerzas necesarias para mover tantas cajas). ¿Significa eso que nunca podremos participar bajo nuestro propio nombre en la Feria?

Hemos leído en el reglamento que es posible participar mediante invitación. Así figura en el Capítulo III, artículo 5.5. Quería preguntarles por esa posibilidad. ¿A qué se refiere exactamente? No pretendemos un trato de favor, ni mucho menos, y entendemos que en el caso de que se nos invitara a participar sería en las mismas condiciones económicas que cualquier otro expositor. Simplemente, pedimos a la Feria que tenga en cuenta la singularidad de nuestro proyecto y que nos brinde la posibilidad de dar visibilidad al mismo. Les agradeceríamos que estudiaran nuestra solicitud con benevolencia, ya que estamos convencidos de que la propuesta sería beneficiosa para ambas partes.

Agradeciendo su atención, quedamos a la espera de sus noticias.

Saludos cordiales,

Vicente Ferrer
Media Vaca

La respuesta llegó al cabo de varios días en forma de llamada telefónica: no había más remedio que buscar otros socios, uno o dos, y el nombre de todos figuraría en la caseta; pero al haber expirado el plazo de solicitud, ya no era posible participar este año. Tendría que ser en 2017.

En la fotografía, Manuel Azaña en la Feria del Libro de Madrid, en junio de 1936. [Fuente: Azaña. Memoria Gráfica, 1880-1940, edición de José María Marco y Vicente Alberto Serrano, Fundación Colegio del Rey, Alcalá de Henares, 1990].

 
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