Escrito en 2006 para citar a José Cadalso
13 de April de 2018 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Queridos amigos y amigas, siento mucho no poder acudir a Huesca para asistir a estas Jornadas. Desafortunadamente, las fechas coinciden con las de la Feria del Libro de Fráncfort, donde la editorial participa con un stand. Aunque avisé con antelación de que no podría venir, prometí a la directora de los encuentros entregarle un escrito, e incluso avancé un título: «Tropezar dos veces con el mismo libro».

No tengo la menor idea de qué quiere decir «Tropezar dos veces con el mismo libro». No pretendía contar nada especial. Me gustó ver juntas las palabras tropezar y libro, aunque no he tenido tiempo de encontrarle un sentido. Sin ánimo de resolver enigmas, y sin el menor deseo de abordar sesudas cuestiones, escribo este texto con el propósito, sobre todo, de agradecer a Rosa Tabernero su gentil invitación y su entusiasmo, y para acompañar en la mesa a José Luis Cano y a Isidro Ferrer, grandes artistas y compañeros.

¿Cómo se hace uno editor de libros infantiles? Desde luego, en mi caso no existe nada parecido a un hecho fundacional que se remonte a la niñez, y no hay antecedentes familiares. Antes de los seis años solo deseaba hacerme mayor. Después de esa edad, también: enseguida te das cuenta de que una persona mayor puede hacer más cosas que un niño. Incluso ahora sigo pensando así. Soy lector desde niño, un lector nada precoz y nada excepcional: leía sobre todo para pasar el aburrimiento, mientras esperaba a hacerme mayor. Empecé a editar pequeñas revistas, libritos, artefactos varios, desde que tenía quince años. A veces en tiradas muy cortas, de diez o veinte ejemplares. Hace casi treinta años que juego a ser editor. Es un juego cuyas reglas no conozco ni acabaré nunca de conocer. Lo único que sé es que consume mucho tiempo y que para todo falta siempre tiempo.

A veces defino mi posición dentro del mundo de los libros declarando que soy ilustrador, lo que a la gente le parece muy natural y muy lógico, como si fuera la explicación de un montón de cosas. No sé qué idea tiene la gente de lo que es ser ilustrador, de lo que es ser editor y de lo que ambos oficios puedan tener de naturales y lógicos, pero siempre me han parecido una maravilla esas respuestas que evitan explicaciones latosas y en muchos casos imposibles.

Así que soy ilustrador, qué le vamos a hacer. Y de alguna manera, después de pensar mucho en ello, decidí dedicarme a editar los libros que me gustaría ver, leer, enseñar y regalar a otros. Como tenemos amigos escritores e ilustradores capaces de hacer trabajos mejores de los que existen en las librerías, entre Begoña y yo decidimos inventar esos libros y ponerlos al alcance de los lectores. Además, siempre hemos pensado que si no había 2.000 o 3.000 personas —la tirada de nuestros libros— interesadas por los personajes y las historias que a nosotros nos interesan, iba a ser difícil salir a la calle y pretender hacer una vida normal sintiendo que vivimos rodeados de completos desconocidos. Verdaderamente este proyecto es también un experimento y una aventura. Para eso sirven los libros.

Read more...
 
Hacer libros
21 de March de 2018 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Buenos días, me llamo Vicente Ferrer y soy editor de Media Vaca. Junto a Begoña Lobo, me dedico a hacer libros desde hace casi veinte años. Lo que he aprendido en ese tiempo es que son más las razones que existen para no hacer libros que para hacerlos. Por ejemplo, las que enumero a continuación:

  1. Ya hay muchos libros.
  2. Casi nadie lee.
  3. Hay que pensar, y eso cansa.
  4. Cuesta dinero.
  5. Los libros ocupan mucho espacio.
  6. Hay que protegerlos de la humedad, del calor, de los insectos.
  7. La luz se come el color de las cubiertas, y es triste ver cómo se van poniendo azules.
  8. Etcétera.

Para hacer libros no basta con superar estos escollos, algunos de ellos insalvables; hace falta, además, tener un buen motivo.

Cada editor tiene sus motivos. Estos son los nuestros:

  1. Se nos ha ocurrido una idea, que —sinceramente— creemos valiosa, y queremos compartirla con otros.
  2. Hemos descubierto la buena idea que se le ocurrió a alguien hace algún tiempo y decidimos que merece ser conocida por otros.
  3. No hay una idea previa, no se nos ha ocurrido nada especial, pero hemos conocido a alguien que escribe o dibuja bien; que hace, en fin, cosas que nos gustan. Conversamos con esa persona para ver si trabajando juntos se nos ocurre una buena idea que merezca ser difundida a través de un libro y compartida con otros.

Nuestra actividad como editores se puede resumir en estos tres puntos que considero más relevantes:

  1. Qué libros hacer.
  2. Cómo hacerlos.
  3. Con quién hacerlos.

Qué libros hacer.

Cuando digo qué libros hacer, lo que en realidad estoy pensando es: ¿Para quién son los libros que vamos a hacer? Me doy cuenta de que no me es posible separar una cosa de la otra, porque los libros siempre son para alguien. Estas son las primeras respuestas que me vienen a la cabeza:

  1. No para el mercado. Pero si no se tiene un buen conocimiento del mercado, será difícil hacer algo que tenga verdaderamente algún interés.
  2. No para los colegas, no para especialistas. Hay que aspirar a un número amplio de lectores; y esos lectores, por cierto, son personas anónimas de las que no sabemos casi nada.
  3. Para uno mismo. No solo para uno mismo, claro (porque una sola persona no es un número amplio), pero también para uno mismo: es importante pasarlo bien haciendo ese trabajo.
  4. Para las minorías. Pero no para las cien personas más ricas ni para las cien más excéntricas ni para las más lectoras (minorías insignificantes), sino para personas y grupos de los que no suele ocuparse el mercado.
  5. Para el futuro. Pensar en esto no nos va a llevar muy lejos, probablemente, porque pocos editores poseen el don de la profecía, pero nos va a obligar a esforzarnos y, de paso, nos puede servir para elaborar una idea del futuro. No está de más cuando de lo que se trata es de hacer libros que puedan romper la barrera de las generaciones. (Es decir, desde el lado de los lectores: que un libro pueda ser leído y disfrutado por personas de diferentes edades; desde el lado de los autores: que cualquier buena idea tenga su oportunidad, sin que importe quién ni cuándo la dijo).

Cómo hacer los libros.

(Me refiero, naturalmente, a los libros ilustrados, que son los que nosotros hacemos).

  1. Asequibles en precio y también en formato, aunque esto último es muy relativo: hay lectores que están habituados (e incluso prefieren) enfrentarse a las opciones de libros más incómodas; por eso tienen éxito algunos mamotretos. En cualquier caso, no hay que dejarse llevar por los prejuicios y, como disponemos de muchos ejemplos y abundan los lugares donde tomar ideas, conviene documentarse. (Un lugar propicio para los hallazgos son las librerías de viejo).
  2. No hay que repetir lo que ya está hecho. Esto tiene su dificultad, ya que existen millones de libros y es difícil conocerlos todos para no repetirlos: los repetiremos sin darnos cuenta. Digamos mejor que basta con no copiar exactamente otro libro. Aunque es natural inspirarse en libros que conocemos y que nos gustan, por la razón que sea. Pues entonces, puestos a copiar, copiemos mejor los libros buenos.
  3. Hay que tener en cuenta que la forma es parte del fondo. El objeto dice algo de su contenido. (Por eso siempre resultan sospechosos los libros de bolsillo que no caben en los bolsillos. ¿Qué se nos quiere decir con esto?).
  4. Los libros deben durar. Si se desea que el contenido alcance a nuevas generaciones, el objeto no puede fabricarse de una manera muy chapucera.
  5. Hay que tomar decisiones sobre numerosos elementos que intervienen: textos e imágenes y la relación entre ambos, imagen de cubierta, diseño de página, elementos gráficos, papeles, encuadernación, tipografía, color, tamaño, formato, peso, tacto, etc.
  6. La decisión principal que hay que tomar es: ¿caben imágenes en ese texto? ¿Añaden o restan a lo conocido? En mi opinión, no todos los textos tienen por qué ser ilustrados. Muchas veces no tiene ningún sentido hacerlo, aunque se puede discutir mucho al respecto. (Según anoto la frase anterior, caigo en la cuenta de que creo no haber discutido nunca sobre esto).
Read more...
 
Un mal dolor de muelas
10 de December de 2017 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Un mal dolor de muelas

(capítulo inédito de Seis niños en Marte)

Durante el viaje de regreso, que iba a durar cinco meses, todos estaban más tranquilos y mucho menos acelerados. Ya habían pasado las emociones más fuertes de la expedición, y además tenían mucho menos trabajo que hacer. Dedicaban bastante tiempo a comunicarse por Internet con sus amigos en la Tierra y a contarles sus experiencias en el planeta. Daniel estaba todo el día mandándole mensajes a Raquel, una buena amiga, que estuvo a punto de ir con ellos a Marte, pero que por un pequeño problema familiar tuvo que quedarse en tierra y fue sustituida por Jimena, la mejor amiga de Mariú.

Esto es lo que Daniel le contaba en uno de los mensajes:

«Lo estamos pasando pipa. No puedes imaginarte la cantidad de cosas que hemos hecho en Marte y, sobre todo, los paisajes tan maravillosos que hemos podido contemplar. Teníamos un avioncito teledirigido que volaba sin tripulantes y que exploraba los sitios antes de llegar nosotros. Mariú lo dirigía muy bien; un día por poco lo rompe, pero afortunadamente lo pudimos arreglar. Manuel se cayó por un precipicio muy profundo y casi se mata, aunque solo se escacharró un tobillo. Otro día te contaré más cosas. Saludos. Danielote (así me llamaba mi abuelo antes de irnos al espacio profundo)».

Álvaro andaba un poco decaído, y todos lo notaron enseguida.

—¿Qué te pasa, Álvaro? —preguntó un día Jimena—. ¿Te da pena que esto se vaya a terminar?

—No, todo lo contrario, me gustaría que se acabara ahora mismo. Lo que me pasa es que tengo un dolor de muelas tremendo y llevo tres días casi sin poder dormir.

Read more...
 
El infierno de Instagram
31 de August de 2017 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Desde el pasado 20 de julio, Media Vaca tiene una cuenta en Instagram que ha abierto y administra un lector amigo de la editorial. El asunto tiene su miga, porque hasta el momento la editorial se había mantenido completamente apartada de las redes sociales. De hecho, el editor carece de teléfono móvil y se ha resistido a tenerlo como si fuera un espíritu del bosque. Su forma de comunicarse con el mundo es a través de libros que selecciona o inventa, y que, según dice, son libros para niños. ¿Será esta la señal de cambios profundos en la editorial? ¿Qué será lo próximo? ¿pretender que los libros se vendan? Bueno, eso tampoco hay que descartarlo. Nos gustaría ofrecer a los lectores un contacto más directo con el catálogo de la editorial y acercar a los curiosos cumplida información sobre los libros y sus autores. Por esta razón, tenemos previsto abrir una tienda online en la que venimos trabajando desde hace ya algún tiempo, y esta cuenta de Instagram podría ser un primer paso para familiarizarnos con la herramienta. Al parecer, la página web donde hemos alojado estas reflexiones que me dispongo a compartir con los lectores, inaugurada al poco tiempo de empezar a funcionar (el 17 de noviembre de 1999), no es el medio que utilizan la mayoría de los compradores. Algunos amigos bienintencionados, más o menos expertos, así nos lo han advertido: hoy, la gente que compra cosas lo hace desde dispositivos móviles, mientras bebe una horchata o se desplaza por una cinta transportadora. (Muchas veces me he preguntado qué es lo que estarán haciendo esas personas que veo con sus móviles mientras beben horchata o se desplazan por una cinta transportadora; pues bien, ya lo sé: compran libros, y seguramente se desesperan porque no pueden comprar los de Media Vaca). En cualquier caso, es un alivio saber que a esa desgracia se le puede poner remedio).

Read more...
 
Observando a los turistas
04 de August de 2017 | Lecturas
Print Email
There are no translations available.

Un japonés parado delante del escaparate de una pastelería
copia en un papel la palabra milhojas, y luego entra.


[dibujo de Begoña Lobo].

 
<< Start < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Next > End >>

Page 1 of 15